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domingo, 30 de abril de 2017

QUERIDO TIEMPO, NO TE PARES POR FAVOR.

Siento mi prolongada ausencia. Estaba convirtiéndome en una persona de provecho sonriendo, bebiendo cerveza, comiendo como si no hubiera mañana, soltando carcajadas interminables, respirando oxígeno puro, echando las voces de mi cabeza, convenciendo a mi corazón de que la vida es maravillosa tal y como es, conociéndome, emocionándome, bailando, cantando a pleno pulmón montada en un coche por una carretera solitaria, despertándome siendo acosada por ellas, durmiéndome con una sonrisa en la cara en definitiva: siendo feliz. 

Se han acabado los dramas, las lágrimas y el perder el tiempo. Se ha acabado el autocompadecederse, el culparse, y el arrepentirse de cosas que no se pueden cambiar. Se ha acabado dejarme a mí misma en segundo lugar, alimentar las malas asociaciones y pensar que merezco lo que me pase. Porque está llegando el verano, cada día anochece más tarde y hace menos frío. Cada día que pasa me doy más cuenta de lo importantísima que es la gente que está a mi lado y la gente que se preocupa de verdad por mi felicidad y de lo afortunada que soy por tenerlas conmigo. Cada día quiero más a esas personas que ya saben quienes son si están leyendo esto y cada segundo que pasa soy un poco más feliz que el anterior.
 




No pienso desperdiciar ni un minuto más estando triste. Por nada ni por nadie. Con no rallarse, con no comerse la cabeza, con no darle vueltas a cosas incoherentes es más que suficiente. Voy a mirar las cosas buenas de la vida y me voy a agarrar a ellas. ¿Y las malas? Las que tenga que afrontar las afrontaré. Las otras ya pueden ir desapareciendo porque no pienso hacerles caso.
 

Hace un tiempo me puso triste leer algo que hacía referencia a ser egoístamente feliz. Ahora lo entiendo y lo comparto. Es hora de ser egoísta en un sentido positivo. Es la única forma que tengo de ser feliz. Y me gusta.

jueves, 22 de diciembre de 2016

HOY ES SIEMPRE TODAVÍA.

El vértigo es enfrentarse cada día a una nueva mañana, no hundirnos en el café y buscar algo que merezca la pena. Desde donde vivo se ven los tejados de la ciudad. Hace unos días, un gato paseaba por el balcón de un cuarto piso abandonado. No sé cómo había llegado allí, creo que estaba buscando un rayo de sol en mitad de esta niebla que nos persigue de forma intermitente cada día. Se colocó en la barandilla y se sentó a mirar la calle. Yo lo miraba y sonreía. Me dio esperanza. Tenemos que seguir buscando. Puede que nadie pueda salvarnos del asfalto, el mar este demasiado lejos, puede que se nos amontone la vida en la silla de la ropa sucia y se nos olviden los motivos. Puede que las palabras ya no lleguen, que las personas que creíamos eternas ahora estén caminando en sentido contrario. Vértigo es volver a nacer, pese a la vida, preparar el café con 2 de azúcar y una sonrisa, y creer que vamos a ver el mar algún día, que la esperanza no está pérdida. Puede que la esperanza seamos nosotros. Antonio Machado dejo escrito “Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora, y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos. Porque mañana es tarde”.


2016 está a punto de terminar y creo que es hora de hacer lo que decía Machado y no sólo convertirnos en héroes de la rutina. Apreciar el momento, y ser conscientes que la vida es cada día y no pensar que la auténtica vida está por llegar.
 Me despido  de este año con la felicitación que Marie Curie les envió a su hija y su cuñado y que me parece preciosa:

“Os deseo un  año de salud, de satisfacciones, de buen trabajo, un año durante el cual tengáis cada día el gusto de vivir, sin esperar que los días hayan tenido que pasar para encontrar su satisfacción y sin tener necesidad de poner esperanzas de felicidad en los días que hayan de venir. Cuando más se envejece, más se siente que saber gozar del presente es un don precioso, comparable a un estado de gracia”
(Gracias Gala por descubrirme este grupo !)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

DE CAÍDAS Y VUELOS

Caemos, como caen todas esas gotas de lluvia por el cristal del autobús, mientras un niño las mira ensimismado. Caemos, y no nos importa, caemos como esa leche que se derrama cuando aún no hemos despertado, inundando la cocina. Y toca limpiar ese desastre. Como las hojas que se despojan del árbol en este otoño, y bailan con el viento en su último baile con la vida. Y pasan a formar parte del suelo, pintándolo de colores, antes de ser pisadas por alguien que nunca mira el suelo. Caemos, y la lluvia nos invita a olvidar las dudas, a agarrarnos al presente, porque no nos queda nada más. Deja que me quede, deja que me vaya, pero no me abandones. Caemos, y mi corazón está dividido entre huir y dejar algo que me da vida, o quedarme y luchar por lo único que me quita la vida. Por un momento me he visto en un parque lejano, frente a un estanque helado, con una libreta vacía y la mirada llena de sueños. Pero no tenía quien me cogiera de la mano. Qué es eso de cumplir los sueños si no tienes con quien hacerlo. Cuánto tenemos que empeñar para conseguir lo que anhelamos (yo que daría todo por hacerte el desayuno cada mañana). Caemos, caemos de la mano, contándonos las tristezas y las miserias y sonriéndonos de vez en cuando. Pero también te he visto coger ese tren, con tu sonrisa tímida y las manos llenas de abrazos. Me gustaría que me hubieses dicho aún podemos frenar la caída.

Y poder escribir: Volamos, volamos como esas hojas que los días de invierno bailan con el viento, como ese pájaro que va de árbol en árbol y a veces canta. Volamos, y a veces el tiempo parece innecesario, las manos se pierden en otras manos y los ojos sonríen. Volamos como esa leche que ha decido salir del cartón y huir de la taza, y se esparce por toda la cocina siendo por fin libre. Como ese jersey colgado en el tendedero del tercer piso, que se ha liberado de las pinzas que lo sujetaban a la vida, pasando a ser de nadie. Me he visto en un parque lejano frente a un estanque helado, con una libreta vacía en las manos. Contigo al lado, cogiéndome de la mano. Diciéndome que siempre volamos, que había confundido la caída con el vuelo. Me gustaría poder escribir(te) esto.

viernes, 12 de agosto de 2016

Ya sabes el destino, ya sabes los motivos

 Estamos hechos de rutina, nos perdemos en el café de la mañana, nos miramos temerosos en el espejo aún dormidos, esperando algo del día que acaba de comenzar. Compramos pan, café, y nos sentamos a comer solos o acompañados, qué más da. Estamos solos. Navegamos entre los días soñando con una playa de postal…. Por la mañana nos saluda con euforia la camarera de siempre, con un gesto de resignación, mientras nosotros buscamos ese momento de lucidez, de felicidad espontánea que nos dan algunas palabras o la lluvia cuando nos sorprende y está fría y las gotas resbalan por nuestra frente llenándonos de vida. Soñamos con que alguien nos diga: Quédate, pero sólo nos llegan noticias de huidas y los aviones sobrevuelan los tejados.
El verano ya casi ha trascurrido, y parece que estamos llenos de rabia. Odiamos el tiempo que nos va matando lentamente, las noches en las que nadie nos abraza, la taza de café enfriándose, el primer autobús del día. Las veces que luchamos por algo hasta arañarnos por dentro. Y no conseguir nada a cambio. Las personas que en vez de contagiarnos con su luz, van apagando la tuya. Los amaneceres que no son de nadie, y sentirte perdida entre desconocidos.
Sigo soñando con esa huida, con el último atisbo de esperanza, perdiendo la vista en el cielo cada vez que pasa un avión. Porque la vida no es esto, la vida debería ser amarnos cada mañana, beber el café de nuestros labios, abrazarnos en el primer autobús del día, encontrarnos cada noche y bailar por el pasillo, soñar cada noche como si fuera la primera vez.
No pienso dejarte ir. Me niego a olvidar que un día apareciste dándole la vuelta a mí mundo y desde entonces nos movemos por las calles de esta realidad gris.

Huye conmigo, te espero donde siempre. Ya sabes el destino, ya sabes los motivos.


domingo, 1 de mayo de 2016

EL HECHO DE VIVIR DEJA SECUELAS

Todos los gatos están tristes y maúllan desolados al atardecer. Todas las palabras que nunca escuchamos se cuelan en los ojos tristes de los violinistas callejeros, que lloran, lloran y tocan melodías tristes que entristecen  a los gatos. Las personas caminan por la calle con un destino, abrazar a alguien, poner la mesa al llegar a casa, leer algún libro y nadie escucha al violinista, las librerías están llenas de gente triste. El cine vuelve a proyectar esa película francesa que tanto  disfruté, el cine francés es increíble. No recuerdo si algún día te hablé de La chica del puente, pero me habría encantado que la vieras, en ella, Adele, la protagonista, estaba desolada y buscaba algo que la salvara del tedio de la vida en aquel Paris en blanco y negro. Todas las películas en blanco y negro tienen algo de nostalgia. Esa que sienten las señoras cuando se sientan en los parques a ver a los niños, la que les embarga de pies a cabeza cuando suena la canción del primer amor, del primer baile que termino en un beso interminable, las que me matan cada vez que escucho (aun ) esa playlist que creamos juntas. Sigo siendo la dramática que  busca algo al fondo de la calle, al despertar, en este lugar en el que no hay flores, ni gatos maullando al atardecer.





Ya no voy a escribir más sobre amor o sobre el tiempo, sólo voy a colocar flores en un jarrón cada mañana, voy a penar mi melena lentamente, leer poesía, escuchar Beirut, voy a dejar que la primavera se cuele en mí corazón. Puede que no sonría todas las mañanas, quizá las lagrimas vengan al atardecer al escuchar al violinista, puede que no haya nada en el fondo de la calle, que más da. Tendré libros, flores, sueños y ganas, muchas ganas, de volver a ser la que se emocionaba con cada canción y se dedicaba  a bailar por el pasillo  cada mañana.

No dejaré que nada ni nadie se lleve la magia.

domingo, 6 de marzo de 2016

My Tears Are Becoming A Sea.


Estoy leyendo un libro que habla de una chica que cada mañana coge el tren. Podría ser yo, a excepción de que ella bebe siempre un gin tonic al llegar a casa. Habla de calor, de los desconocidos, de llenar tu alma con recuerdos de futuros que nunca llegarán. Esta mañana se me cayó el café en el desayuno, rompiéndose la taza en mil pedazos, pensé que esa taza era yo y que debía recoger los trozos con cuidado para poder pegarlo otra vez. Pero también atribuí lo ocurrido a que a veces mi pulso tiembla, aquello del insomnio y las ojeras, cuando huyo del tiempo por miedo a que el pasado me atrape para siempre. Una vez escribí mi futuro y tenía tu nombre. Ahora mi futuro es un cielo gris. Escribí: “Mi esqueleto es el de una ciudad en ruinas” y lo taché después. He cometido muchos errores contigo, creo que el mayor fue cuando decidí rendirme y callar a partir de entonces lo que creí que no querías escuchar. Si tomé esa postura de repente fue por probar a hacer las cosas de otra forma, pensé que eras tú quien debía expresar en ese momento tus sentimientos. Error. Cada persona es un mundo y cada persona hace las cosas a su manera. El hecho de que tú lo hagas de una forma no significa que la persona a la que quieres debe hacerlo igual que tú.
Ahora viajo sola de nuevo, me pongo muy nerviosa cuando las personas que viajan a mi lado me rozan, puede que sea un síndrome que te producen las ciudades, estás tan solo que ya no sabes cómo estar acompañado. Hace dos años cogí un avión y dos trenes para llegar a una ciudad en la que llovía y por la que pasee queriendo crear recuerdos solo para mí. Hoy reeleo una postal de una compañera de viaje en la que me recuerda que soy valiente. No soy valiente. Nunca lo fui. Una piel vacía es una piel desierta. Alguien me dijo una vez, que cuando tienes un dolor muy grande se puede abrir un agujero en el corazón, pequeño, imperceptible. En ese momento pensé que un libro podría empezar con esa frase y que de ahí salen las lágrimas, el dolor en el pecho y las noches de insomnio. Un pequeño agujero. Imagino mis manos pequeñas con agujeros en el centro por donde resbala el agua ( como una fuente). Hay algo que me mantiene abstraída de este ritmo incesante ,la voz no llega a mi boca, se queda en el interior. Y lo más irónico de todo es que ahora que me están saliendo todas las cosas que yo quería no te tengo a ti para compartirlas, porque en el fondo sé que no estamos ya en el círculo de ninguna de nosotras. Pero te diré que no soy una persona que suela hablar demasiado, hasta que cumplí los 11 no me gustaba hablar, prefería sentarme a observar o leer. Después me obligué a ser como esas personas divertidas que siempre tienen la palabra adecuada, aún sigo siendo esa persona callada, pero me he acostumbrado a desempeñar el papel de espontánea. Nunca sabrías el océano que hay dentro de mí.
No sé por qué (te) escribo todo esto, supongo que tenía ganas de dejarlo por escrito y saber que fui capaz de no callarme esta vez… Lo que más miedo me da de quedarme sola en el mundo es no tener a donde ir ni quien te espere. Ser esa desconocida de la ventanilla del tren que no tiene quien la abrace al llegar a casa, ni quien la mire deseando quedarse a su lado para siempre.

sábado, 14 de noviembre de 2015

NOVIEMBRE ES EL FINAL

Este blog corre el riesgo de convertirse en un blog-menstruación; de esos que se actualizan una vez al mes. No me gustaría que fuera así, cuando lo empecé tenía la fantasía de que el mío sería diario, confiando en que siempre tendría tiempo y cosas que contar. Pero en la práctica, ya sabemos que las cosas son distintas.
Empecé escribiendo aquí por una serie de motivos: pasaba un momento complicado, quería evolucionar con la escritura porque siempre me gustó escribir, porque era ( soy?) alguien muy reservado y pensaba que de todo el cúmulo de cosas sería como una catarsis, algo muy romántico, lo sé, pero creo que en algunos momentos lo he conseguido. Al compartir mis sentimientos, a veces me he liberado un poco de ellos. Con el paso del tiempo, vamos evolucionando, cambiando, cambia nuestra vida o llegan algunas personas para darles un vuelco, un sentido o un revés. Y te vas moldeando, lo quieras o no, aunque los acontecimientos te superen, siempre encuentras razones para seguir, para salir adelante, adquieres una experiencia o eso te dices. Con el paso del tiempo, he ido espaciando los post, escudándome detrás de las palabras para enfrentarme a los hechos.
 Escudándome para recuperar sensaciones que he vivido, saboreado, desandar hacia atrás para descubrirte feliz como hace un tiempo o, estar perdida y sumida en un mar de dudas, pensar constantemente que es lo que quieres/ no quieres, o por el contrario estar inmersa en un torbellino de prisas que haga que ni te sientes a pensar las cosas. Perdida. Y a la vez tener más lucidez que nunca y darte cuenta después de meses, de caminos desandados o recorridos de que debes ser valiente, no esconderte, vencer corazas, echarlas fuera, arriesgarte y sorprenderte, caerte y levantarte pero exprimir todo lo que puedas las cosas. No huir más hacia adelante, comprender(Te).
Desde que cumplí los 25, dejé de ser impulsiva, y aprendí a decidir en función de lo que siento y del daño (o la felicidad) que puedo provocar en los demás. Aunque eso conlleve tomar los caminos más difíciles. Ahora el corazón me sangra y tengo que cortar hemorragias. Y sí, es un proceso doloroso, pero casi nunca el camino más corto es el mejor.



Quiero poder mostrarme tal y como soy, a veces me sorprendo a mí misma de lo diferente que puedo llegar a ser si me relajo, si puedo sacar todo eso que hay dentro. Una vez me dijeron en una fiesta que soy alguien muy introvertido que no dejo que la gente me conozca, que pongo barreras para ello y tal vez sea cierto, trabajo en eso, en conseguir hacer caer esas barreras que me hacen no poder estirar los brazos y abarcar el espacio que hay a mi alrededor.
Este verano ha sido mi punto de inflexión, este vaivén emocional ha hecho que yo diga quiero esto, no quiero esto, y conocerme, conocerme más y de lo que soy capaz.
Y creo que es el momento de seguir sola el camino de baldosas amarillas, de descubrir que hay más allá de las palabras, y vivir los hechos.
Me ha encantado hacer este viaje con vosotros, que me habéis leído durante casi 3 años, algunos os conozco a otros no.
Que lo que llegue os sorprenda y lo que no, directamente no os desilusione.


Norah Jones-Nightingale

martes, 27 de octubre de 2015

LA SOLEDAD VIENE DE SERIE

Fuera la vida. Fuera la gente corriendo, los trenes escapando, las gotas resbalando por el cristal de la ventana. El jabón escurriéndose bañera abajo. Los autobuses girando en espiral. Las señales de tráfico advirtiéndome. Barcelona queda demasiado lejos. El mar sin respuestas. La luna llena mirándome fijamente. Yo, sin saber que decir. Creyendo que Ólafur Arnalds me sacará de la rutina. El otoño,lavida, los sueños que dejamos ir con las ojeras. Una de estas noches, meto en una maleta un par de pantalones, la cámara, calcetines y me largo. Y cojo uno de esos trenes sin destino, con camas alineadas. Y escapo, escapo mientras miro como todas las luces se quedan atrás. Como todo se hace pequeño y yo empiezo a hacerme grande poco a poco. Mi soledad y yo. Y empiezo de cero, en un lugar el que se puedan arrancar flores y ponerlas en un florero inventado. Donde no cueste la vida.





Fuera las luces, el tráfico, el silencio. Aquí delante, un poco de poesía y una taza de té para sobrevivir. Que todo es efímero y sólo quedan palabras para salvarnos.

                                                                   




“Mire señorita, la falsa esperanza solo produce  sufrimiento”.- Largo camino de noviazgo.

martes, 31 de marzo de 2015

A MIL REVOLUCIONES POR HORA

Alguien fotografía desde el último piso un barrio que no conozco, en el que nunca estuve, pero, por un instante, me encuentro caminando en él. Vuelvo con las bolsas de la compra del supermercado a casa, un bajo. Hoy toco comprar salmón, pan, yogures, y tarros de conservas. Comida enlatada. Llevo años alimentándome de comida precocinada, podría ser un símil de la vida. Paso delante de la floristería, querría comprar un par de flores. Siempre soñé con poder cada mañana coger un ramo de flores del jardín de mi casa, colocar el jarrón en medio de la mesa y preparar el desayuno, pero, me levanto despeinada y no hay jardín en un bajo. Corro a coger el autobús con el termo de café en la mano, camino de vuelta a casa. Es martes por la tarde y hace un sol espléndido, nadie diría que hace tan solo unos días era invierno. Llevo un par de días sin hablar con nadie conocido, el único que me da los buenos días es el dueño de la cafetería cada mañana. Llevo semanas sin escribir. Creo que sería más fácil si hubiese cafeterías en las que el camarero viniera a servirme café cada poco. Y beber y beber café toda la tarde. Con una libreta llena de palabras y tachones, y olor a café, abandonar ese lugar con la libreta llena de vida y el corazón vacío por una vez. Ligero, como el viento. En casa, la ropa huele a suavizante y se mueve con el aire, la cocina está llena de platos usados y en el cajón no quedan cucharillas de postre. Inexplicablemente es el cubierto que más utilizo: me paso el día tomando infusiones. Hace unos días compre una que se llama “Infurelax” y voy a dos sobres por día. 


Infurelax


Querría tener una azotea, vivir en los tejados. Siempre fui de las que sueñan más de la cuenta y se pierden imaginando que pasa más allá de sus ventanas, de sus fronteras. Viviendo en una película interminable, declarándome a las orillas del Sena “siempre pienso en ti, fúgate conmigo”. Pero no hay fugas, los aviones han decidido no aterrizar en este aeropuerto. En este cuerpo
Tengo la cabeza a mil revoluciones por hora y el otro día conté más de mil latidos por segundo, el diagnóstico fue: Sobredosis de realidad (o de café). He llegado a la conclusión de que debo sonreír más, acariciarme más la nuca, olvidar estas ganas de odiar todo lo que me encuentro a mi paso. Centrarme en querer. En quererme bien. Ponerme más vestidos. Caminar más por ciudades desconocidas. Aprender a mirar la vida con otros ojos, aunque sigan verde bosque como siempre. Vivir aventuras en la cama cada noche, leer, leer más, leerte más, ver más allá de tus ojos. Ya ha llegado la noche. Estoy sentada, mirando por la ventana, la soledad se extiende sobre mis ojos, las luces de las farolas llenan de vida cada rincón, es precioso.
Mi único plan para mañana es ponerme mi mejor vestido, salir de casa con ganas, y en el improbable caso de encontrarme contigo, mirarte a los ojos y sonreírte. Te prometo que intentare todos los días ver la vida con estos ojos, pero si algún día me ahogo, ven a rescatarme, que sigo siendo la misma de siempre.

La misma loca que te diría a orillas del Sena “siempre pienso en ti, fúgate conmigo. 

jueves, 5 de marzo de 2015

TODAS LAS PELÍCULAS HABLAN DE HUIDAS

Todas las películas hablan de huidas, de dormir en sofás resquebrajados por el paso del tiempo. Como si los corazones solo volvieran a latir cuando conocen ciudades nuevas y estuviéramos hechos de olvido y recuerdos. En esta película sonaba música folk y jazz y un gato curioso despertaba a un hombre cada mañana. Ese no saber dónde estás, esa huida constante en la vida, estar perdidos incluso conociendo cada  calle y cada presente.




Saber que has pasado por un lugar donde te has besado  mil veces y sentir que esa calle suena a despedida. No sé de quién querría despedirme de un futuro que aún no ha ocurrido y de todo lo que no he vivido.
Una vez escribí: Si huyo es para no volver, si vienes que sea para quedarte. Todas las palabras me persiguen y todas las madrugadas juego a perderme en cualquier novela para evitar pensar. Podía haber tenido un mundo de recuerdos inventados: el primer beso de la mañana, la primera canción que suena por la radio y nos devuelve la vida, una carta en el buzón de alguien que creíamos haber olvidado, la lluvia en la cara al volver a casa sin paraguas… La vida es un acumulo de momentos que pegamos como un puzzle, intentando encajar en espacios o con gente y a veces nosotros somos esa pieza que siempre falta y queda sin completar sobre el tablero.

Pero también hay días de colores, el secreto de los viajes en el tiempo está en cerrar fuerte los ojos. Odio los trenes y los autobuses. Cierra  los ojos y escucha…qué oyes?

jueves, 19 de febrero de 2015

CORAZONES MEDIO LLENOS O MEDIO VACÍOS.

En las películas parece todo tan fácil, el beso de despedida se da en el tercer escalón y es fácil. Muy fácil. No hay medias tintas. Cuando se siéntese, se siente con todas las de la ley y el protagonista es capaz de dar la vuelta al mundo por ella. Y ella haría lo mismo, y le recibe con los brazos abiertos en el aeropuerto. Sonriente. Feliz.
El mundo se confabula para que la historia de amor salga bien, y la recuerden toda la vida como algo especial.
En la vida no es así. Cuando tú sientes la otra persona no siente o prefiere olvidar. Cuando alguien se enamora de ti tú no te ves capaz de darlo todo. Y así, vamos viviendo, olvidando, rehaciéndonos por dentro. Recomponiendo los pedacitos que se llevan algunos, recogiendo lo que nos dan otros. Tal vez sólo se trate de comprender que la vida no es una película. Que los besos perfectos no existen, sino que son perfectos para nosotros, porque los momentos bonitos tendemos a “perfeccionarlos”. Que absorber el mar de todo el universo y meterlo en una botella es un imposible. Los corazones tienden a estar medio llenos o medio vacíos, pero de lágrimas. La gente solitaria que viaja en avión nunca tiene a nadie esperando su llegada. Los besos que se dan bajo el agua del mar tienden a deshacerse en el infinito. Se hacen invisibles y vuelan hacia un lugar secreto que nadie sabe dónde está.






Los corazones dibujados en la arena se deshacen con la ola siguiente. Los deseos de las estrellas fugaces tienen una lista de espera de 250 años, nunca llegaremos a cumplirlos. Todo lo que llega acaba yéndose. Todos los momentos acaban pasando y terminas tú. Sola. Mirándote por dentro y hacia el infinito a la vez. Preguntándote en qué punto del camino escogiste el equivocado, con que piedra tropezaste, cuantos deseos echaste a perder, cuantas veces cosiste tu corazón…y te das cuenta de que cada vez quedan menos hilos. Que caminas en blanco y negro, y crees cada segundo un poco menos en las películas.

martes, 16 de diciembre de 2014

TENEMOS TANTO, QUE NO TENEMOS NADA.

Tenemos microondas para freírnos el cerebro, cafeteras para cocinar a fuego lento sueños color azul inventado y  lavadoras que centrifugan palabras a mil por hora. Tenemos coches con los que viajar, naves espaciales para visitar otros planetas sin movernos de la cama y vasos en los que almacenar lágrimas. Maletas en la que caben sueños en forma de ropa interior, libros para cuando se nos olvida por qué vivimos. Tenemos la estantería llena de adornos inútiles que nos recuerdan quienes somos, y bolígrafos para apuntar todo lo que se nos pase por la cabeza y hacer la lista de la compra. Faldas para ponernos los sábados noche  y tacones y maquillaje para aparentar ser quién no somos. Luchamos por algo, no sabemos por qué, pero nos levantamos cada mañana por motivos que se escapan bajo el agua de la ducha. Estamos vacíos, somos cáscaras andantes observando cómo el mundo se desmorona. Tenemos mil maneras de decir las cosas pero pocas veces nos atrevemos a ello, preferimos dejar que el tiempo pase y nos aplaste. Tenemos ganas de cambiar el mundo pero como mucho nos cortamos las uñas para no arañarlo. Nos gusta reír y aunque a veces se nos olvida el modo de hacerlo, lo buscamos en el almacén de la memoria. Tenemos cajas de zapatos llenas de cartas que nunca llegaron a su destino y fotografías que nunca vieron la luz en el último cajón.


Sin billete de vuelta

Sabíamos cómo ser felices pero un viento huracanado nos arrebató todo lo que teníamos. Tenemos una cadena de sueños atada a los pies que no nos deja volar y un cielo que no admite pasajeros sin billete. No existen mostradores donde vendan billetes hacia la felicidad. Tenemos momentos desperdiciados cayendo de nuestras manos al suelo y destruyéndose. Ganas de hacer cosas bonitas y tiempo que se escapa corriendo bajo la piel. Tenemos tanto, tanto que no tenemos nada.

Una maleta de sueños aguardando detrás de la puerta para cuando haya que escapar de improvisto. Sin billete de vuelta.

viernes, 17 de octubre de 2014

LA ETERNA SOÑADORA DE IMPOSIBLES

La eterna soñadora de imposibles nunca se conforma con la realidad. Pese a adornarla con vivos colores, imaginarla a su manera y darle la vuelta a todo lo que encuentra en su camino, termina ganando la fantasía. La eterna batalla con el eterno ganador. La comunicación que de verdad consigue darle la vuelta al mundo tiene menos palabras que cualquier libro y entiende más de miradas, caricias y besos. He estado dando vueltas en espiral tanto tiempo que ni el despegue de un avión mueve mis entrañas. Me da más miedo cuando el que despega es mi corazón sin destino alguno. Dispuesto a dar vueltas por el cielo hasta terminar el combustible.



Tengo el corazón lleno de sal de las aguas de todos los mares que lloré, los pies llenos de arena fina y a mi pecho le cuesta respirar. Las luces del atardecer atrapando mi mirada perdida, un barco que no sabe a dónde va gira en mis pensamientos. Un día estás aquí y al siguiente no recuerdas quién eres, cambias el nombre en cada madrugada pero sigues poniendo el corazón en cada cosa que haces. Te define el corazón en la mirada y a veces dudas si tirarlo a la vía de un tren… y a veces sin querer dañas a los que tienes al lado. Tan inconsciente que te cuesta saber dónde colocar tus pasos, no hay camino. El camino lo tienen que hacer tus pies. Y las heridas por pisar en el sitio equivocado pueden doler incluso años. Esperando que llegue tu tren, dejándote mecer por el viento, suspirando por lo que se fue y por lo que vendrá, soñando con algo que nunca paso y quizá nunca pase. Pura fantasía que te hace cerrar los ojos hasta que te duelen, y cuando los abres te das cuenta que dejaste ir la realidad para dar paso a algo que no existe. Igual ni tu existes, ni yo existo, ni nada existió.

 Quizá me pase la vida debatiéndome entre la fina línea que separa la realidad de la fantasía, donde viven los trucos de los magos que son imposibles, la magia de las estrellas fugaces y de las casualidades que recuerdan toda una vida. 

martes, 7 de octubre de 2014

EL MOMENTO MÁS IMPORTANTE ES EL AHORA

Algo aprendí de la lluvia, a construir mejores paraguas. Si la comida se enfría, se calienta con las manos, y si el té te quema el corazón, debes ponerlo menos al fuego.
Aprendí de la vida a contar las sonrisas con los dedos de una mano, a recordar lo justo y olvidar lo necesario. Aprendí muy pronto a echar de menos, y sin embargo nunca soy capaz de echar de más. Me perdí en paisajes, montañas, mi sitio favorito siempre será al lado del mar, color azul cielo inventado.




Si hay algo que me recuerda que estoy viva, son los besos por la mañana, y el café caliente si lo hace alguien especial. Si hay algo que me recuerda que estoy muerta son las noches solitarias. Escucho música, me empapo de palabras, de sueños, vivo todas las películas del mundo y me pierdo por las calles cada noche. Aspiro a guardar entre mis brazos todos los atardeceres de película. Saltar entre las piedras de alguna playa desierta, y si me hago daño, lo curo con saliva, sé que vivir provoca demasiadas heridas, pero las que peor cicatrizan son las del corazón. Aprendí que debo saltar los charcos sin que me importe calarme los pies. A saltar los días sin que se empapen mis ojos. Que las mejores meriendas eran las que tomabas al salir del colegio, sin embargo, los mejores desayunos son los que te traen a la cama. Que los sueños que te hacen sonreír un día, al siguiente pueden hacerte llorar más que nunca. Que un cielo lleno de estrellas siempre es una buena excusa para pedir un deseo. El café mejor si está bien cargado. El sexo mejor en una cama y con abrazos de por medio. Mejor vivir al máximo. Mejor coger aviones imaginarios cada mañana que estancarte en la rutina para siempre.
Aprendí de las gotas de lluvia que resbalan por mí ventana que detrás de un sueño hay un recuerdo, y detrás de un beso un adiós. Que el momento más importante es el ahora.

Y estoy dispuesta a vivirlo.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

DESDE QUE LA LLUVIA NO ES TRISTE

Esta semana no ha dejado de llover, los paraguas volaban y la gente mojada volvía a casa refunfuñando. Paradójicamente, las calles estaban más preciosas que nunca.Los charcos reflejaban el cielo gris (siempre me ha encantado fotografiar charcos y reflejos), y podías encontrar en ellos tus sonrisas olvidadas, imágenes de felicidad perdida y encontrada.
A cada paso que daba la ciudad se encogía.El laberinto de aceras de sus calles respiraban con dificultad.El frío lo envolvía todo con una capa de misterio. Habría sido el escenario perfecto para un crimen. el día de asesinar todos los recuerdos dolorosos, El día que lanzas por la borda las veces que lo intentaste y no llegaste a ninguna parte. Un día para empezar de cero y pisar en cada charco las desilusiones.




Mientras paseas por esas calles, ves a gente solitaria en las cafeterías que prefieren un buen café y esperar a que amaine la tormenta. Ellos aún no quieren empezar de cero, el periódico del día les distrae de su vida. Es lo mejor cuando no quieres pensar en ella, perderte en vidas ajenas, en noticias del otro lado del mundo o la columna de la última página.
Y al llegar a casa, silencio, pero esta vez es un silencio diferente,Vuelvo cargada de lluvia en los zapatos y con el corazón limpio dispuesta a ir de cero a cien en un segundo cuando te vea.
Cada día me gusta más la lluvia, y encontrarte en mí mano cuando paseo. A partir de ahora la lluvia serás tú. Ya nunca más será triste, saltaré entre los charcos y no esperaré sentada a que amaine la tormenta

jueves, 28 de agosto de 2014

ILUMINADA (O ALGO ASÍ)

Echar de menos es muchas cosas a la vez; es ir a comprar muy temprano; es abrir el armario y escoger la ropa; es subirse en el autobús y esperar a que llegue tu parada; es renunciar a un helado de vainilla; es pintarse las uñas alternando dos colores. "Nada es eterno, dicen que hasta la belleza cansa," acabo de leer en un libro.
Me gusta mucho esta hora, la del camión de la basura, cuando nadie hace planes. Los planes no deberían existir ni las horas acordadas, deberíamos encontrarnos de forma casual. Salir de casa, con el bolso al hombro, bajar la calle y encontrarnos. Reconocernos, porque nos conocimos antes, y lo olvidamos haciendo otras cosas; escogiendo la ropa del armario, estudiando una carrera en la universidad, subiendo al autobús, yendo a comprar temprano, poniendo una frontera de por medio.
Hace un año por estas fechas más o menos escribí: “ahora que intento huir de todo lo que empezó hace un tiempo y vivo todas las vidas que siempre quise, perdiéndome entre la gente y siendo una desconocida más. Ahora que nada llega al fondo de todas las cosas y soy una cáscara vacía que sonríe cuando ya no queda nada por lo que luchar. Que intento buscar el mar sin éxito cuando estoy rodeada de mar. Que llevo conmigo libros que hablan de barcos y vaivenes y como hacer los sueños realidad.
Ahora que no encuentro el silencio y, las lágrimas son del mismo color que un río y me pierdo en los espejos de los museos. Y subo hasta el último piso y admiro las vistas de una de las ciudades más bellas y tristes del mundo. Escribo en mi cuaderno todas las veces que reí a lo largo del día y el lugar.11.22 en el tren. 12.48 Cabo da Roca, donde la tierra acaba y la mar empieza. 16.25 playa de Cascais porque de repente siento que con la brisa del mar todo es más fácil.”

Hoy no me siento especialmente alegre, pero a diferencia de otras veces, no me preocupa. Tampoco me siento triste. A veces siento soledad, como en una playa vacía. Es una soledad necesaria. De desintoxicación…o quién sabe, tal vez este incipiente resfriado me haga una sentimental.

lunes, 4 de agosto de 2014

LA CHICA QUE ESCRIBE

Yo, que siempre he sido más de sobrevivir que de vivir....

 ...ahora no me hace falta hablar, me oigo perfectamente en off dentro de mi cabeza. Pensando, planeando, mandándome callar para disfrutar de ese efímero instante de paz en el que siento cómo me late el corazón en los oídos y el movimiento casi imperceptible de mis músculos manteniendo mi postura. El cosquilleo de las yemas de mis dedos y el sutil escozor de mis labios por haber vuelto a mojarlos instintivamente a pesar de saber que el sol los va a quemar con más rapidez. Pero no me importa; eso les da un tono rojizo bastante apetecible.
- ojalá te apetecieran – 




Y es en ese instante, cuando ese pensamiento me cruza la mente sin dolor y sin arrepentimiento alguno, es cuando entiendo que no sólo se me han curado las heridas, sino que he aprendido a defenderme tan bien que me da hasta un poco de miedo enfrentarme a mí misma. Sonrío y me tiran un poco los labios cortados por el verano, pero hasta ese dolor es extrañamente reconfortante, porque lo hago por mí. Y pienso que puede que no sea la mejor persona del mundo, pero que ya no tengo miedo.

He dejado de vivir arrepintiéndome por el pasado y preocupándome por el futuro, que lo único que me daba era un presente de noches en blanco y días de gelatina bajo mis pies. He cambiado, lo noto cuando respiro y se me llenan los pulmones de ganas de hacer cosas absurdas; ganas de no dejar verdades a medias, de salir a la calle en mitad del fin del mundo y dejar que la lluvia me moje el pelo, y de beberme esa cerveza que sé de sobra que no debería beberme; pero lo hago. Ya no soy la chica de las mil corazas, ni la chica que tenía miedo de besar en la calle, ni la chica del corazón roto, ni la chica de hielo. No soy la chica que decía ser tímida, ni la que decía ser insegura, ni la que no se atrevía a hablar las cosas importantes. He dejado de tener miedo porque ya sé cómo es perder. Sé cómo es vivir con el corazón y el cuerpo rotos en tantos pedazos como era posible romperlos. Sé lo que es derrumbarse, recoger los escombros y plantarse en mitad de la nada con la posibilidad de reconstruirse de cero. Ahora me arriesgo y no es porque no tenga nada que perder; Me arriesgo porque sé que sea lo que sea lo que pierda, no me va a destruir.

Y estando ahí sentada dejando que el sol se cuele por las rendijas de mis costillas y escuchando mi respiración, entiendo que de entre todas las cosas que puedo ser, al final no soy más que la chica que escribe. 

domingo, 27 de julio de 2014

OTRO LUGAR

Caminatas, impresiones, el menú del día,la dirección de un lugar, una postal de un amigo, cualquier cosa. Pensaba que no había forma de concebir un viaje sin unas cuantas palabras por escrito, como si escribir fuera una forma de no decir adiós. Viajar no sólo es ausentarse, es dejar prueba de dicha ausencia, del cambio que sufres cuando te vas a otro lugar.

                                              https://www.youtube.com/watch?v=i2vvAck6z5c

miércoles, 16 de julio de 2014

LOS COLORES DEL MAR

Azul cobalto, de ultramar, azul de Prusia, de Alejandría... La historia del azul es apasionante, ¿sabíais que no es un color fácil de encontrar en los pigmentos naturales? ¿Y sabrías decirme cuál es el color del mar? Hace unos días he sentido su fuerza, su sonido, su olor en cada célula de mi piel, siempre que vuelvo a él, los primeros instantes me deja sin aliento y, como dice Iván, soy como una niña con zapatos nuevos  porque una de las cosas que me llenan de felicidad en esta vida es el mar, sin condiciones.
Esta  visita me ha descubierto playas luminosas, donde los niños juegan en el agua mientras la luz resbala por sus cuerpos, los rayos de sol reverberan en las olas arrancando al mar, miles de destellos. Barcos de pescadores regresando a la costa, atardeceres en una cala escondida, el mar embravecido en San Sebastián... Las olas, la luz, los colores del mar captados en toda su variedad y movimiento a través de mí mirada; días lluviosos y soleados, puestas de sol y amaneceres, los matices de la luz de la costa del norte. Un espectáculo visual que te enreda, llegando a sentir el olor del mar, la sal en la piel, el sol cegándote los ojos, los gritos de los niños jugando en la playa, el sonido del viento y de las olas en los oídos... Y además con esa sensación increíble cuando eres la única persona en la playa y el deseo de capturar ese momento a través de la retina.. y de mí cámara.
La vuelta ha sido muy frenética y aún no he podido ver el resultado de esas fotos, pero a veces el resultado no es lo más importante sino conseguir agarrarte a las sensaciones, porque son las sensaciones las que siempre permanecen.

PD: Gracias Rey moro por acompañarme en este viaje…y a ti Ana por regalarme tu playa y un trocito de tu tierra.







miércoles, 18 de junio de 2014

SÉ ALGUNAS COSAS

Sabría describir con total exactitud, el sentimiento que viene antes de un romper a llorar en dos. Lo podría palpar de la misma manera que enciendo la luz de mi cuarto en plena oscuridad. Sin dudas, sin titubeos. Directa y decidida de algo que sabes a pies juntillas. Y no, yo no soy de las que lloran por todo y más.
Podría contar con los dedos de una mano el número de veces que he llorado por algo que explota dentro de mí. Los mismos dedos que guardo con fotografías impresas de esas personas que me partirían en dos el día que decidieran no estar aquí. Vivir tan lejos y sentirnos tan cerca. Como los recuerdos que pisas pasado un tiempo y parece que siguen ahí, manchando las baldosas, pegados a tus zapatillas, enmudeciendo tu piel por un segundo…mojando tus ojos sin saber muy bien porqué.
Sí, creo que no hay peor sensación que saber que estás a punto de romper a llorar, sobre todo cuando una no es fiel asidua a ello. Como llevar zapatos nuevos que te rozan el talón. Nunca terminas de acostumbrarte. Nunca paras de decirte un “no” resonante en el preciso instante antes de desplomar tus sentidos.
En mis mejillas suena a un antes de despedida. Como saber que algo no va a pasar y querer que ocurra. No me gustaría tener que volver a despedirme de nadie nunca más. Porque…sencillamente mi contador llorica está empezando a marcarse demasiado los últimos meses, y me siento tan estúpida...supongo que es porque odio que me vean llorar, con los sentimientos a flor de piel y totalmente vulnerable, por eso cuando llega el momento huyo. Porque prefiero sonreírte mil veces en directo y que me escuches carcajearme  en silencio, con un abrazo. De los que llenan una sala de cine. De esos besos en la frente que saben a un te echo de menos.Y porque decir hasta luego suena mejor que un adiós.