viernes, 25 de octubre de 2013

CAFÉ






Quedó para tomar una taza que sabía a buenas maneras. Yo mientras tanto, tomaba un café que sabía a espuma de "octubre se me escapa entre las manos". De los que entre el humo y azúcar en su taza, se dibuja en la mía un noviembre temprano de confesiones al final de diciembre. Con ruido en sus ojos y chispas en los oídos. A tientas. Con luz de media tarde y prisas contenidas.
Sabía a dudas. Quedó para ver si el azúcar se posaba en el fondo o se disolvía. Si son mejor las calles en cuesta o las rampas con caída empicada. Mi café se enfriaba entre mis manos, se entrelazaba en mi pecho y... dejaba de saberme a octubre, noviembre o diciembre. Sin fecha a la vista.
Lo cierto es que pensé por unos momentos, que ese café, ya lo había disfrutado.

Me equivoqué.

jueves, 17 de octubre de 2013

PREFIERO

Quedarse con las cosas buenas, porque al fin y al cabo son las que más importancia tienen. Para uno mismo. Siempre.
Se me grabó a fuego una de esas pocas explicaciones que te levantan del ensimismamiento. Se grabó como una canción que repites continuamente. Cuando abandonas tus ilusiones no te queda nada. Por eso nunca hay que abandonarlas.
Creo que he conocido a pocas personas que jueguen con su orgullo continuamente a un ¿puedes o no puedes? Puedo, y me siento conmigo y mis cien mil esquemas mentales. Lo analizo todo, y siempre sé que puedo. Quizás me autoengaño o me equivoco, pero de no hacerlo así, abandonaría mis pocas motivaciones, las que realmente quieres, las que tanto has buscado, y las que por fin, has encontrado.
Me cuesta mucho encontrar un punto de equilibrio entre las cosas en las que me veo completamente capaz y las que descarto por incapaz. Y cuando digo que todos queremos que nos encuentren, me equivoco, lo admito. Queremos encontrar, por encima de todo queremos que nos vean, que alguien algún día vea por encima de toda la parafernalia que uno mismo se crea. Que te induzcan al pequeño suicidio emocional y después de todo te quedes con un "me alegro de haberlo vivirlo" y no haberlo descartado por el miedo a no saber despejar las incógnitas. Y quedarte mil veces antes con la sensación de haber agarrado por un momento algo que te gustaría asir con fuerza, a no haber extendido el brazo para tocarlo.

 Prefiero mi realidad edulcorada a la sobredosis de raciocinio amargo. Prefiero comerme un sin sabor a saciarme de dudas. Prefiero echar de menos a no saber siquiera que es eso.

 Prefiero que me duela a que me traspase, que me haga daño a que me ignore. Prefiero sentir. Prefiero una noche oscura y bella, sucia y hermosa, a un montón de días claros que no me digan nada. Prefiero quedarme en la cama todo el día pensando en mi vida, a levantarme para pensar en la de otros.

sábado, 12 de octubre de 2013

SUPONGAMOS QUE….

Lámpara es una persona en esta historia. Lámpara piensa que no tiene muchas luces, pero lámpara brilla, resplandece a su alrededor. Se podría decir que aporta una luz cálida que alumbra lo necesario en situaciones necesarias. Lapicero es otra persona en esta historia, tiene una goma de borrar recuerdos, y una grapadora que viene genial para los días que te apetece sellar algo. Las grapas de Lapicero no se pueden quitar, como ese bolígrafo rojo que tiene para remarcar las cosas.
Lámpara está en la mesilla, y Lapicero en el escritorio. Sinceramente hay demasiado espacio entre un sitio y otro. Demasiado parquet de por medio. Lapicero podría arrojarse al vacío desde el borde de la mesa. Muchas veces piensa que no casa bien con Taza de desayuno, Portátil y Cenicero (que también son personas pero no son relevantes en esta historia) a Lapicero le llega la luz de la Lámpara de Techo, sin embargo quisiera ver la luz de Lámpara. Siempre pensó que no encajaría muy bien en la mesilla de Lámpara, a pesar de que las notas de su post-it harían un buen recordatorio. Como borrar con la goma para volver a reescribir la historia.
Lámpara no sabe nada en su mesilla y sus cosas.


Lapicero tiene demasiadas cargas entre bolígrafos y demás cosas que no sabe si podría llevarse de viaje.
Lapicero tacha los días en un calendario con un lápiz 2b de mina blanda. Lámpara se acaba de apropiar de una bombilla que alumbra también el escritorio. Lapicero brilla pero no con luz propia.
Lámpara y Lapicero son de Ikea, necesitan una mesa donde quepan los dos.

martes, 8 de octubre de 2013

DE GATOS A RAYAS Y GALGOS ACRÓBATAS

Hoy os vengo a contar la historia de Jaru y Mía. Les conocí meses atrás a través de su dueña, su trayectoria con ella es curiosa. Primero entro en escena  Jaru , apareció  por casualidad ya que se lo encontró en la calle y decidió acogerlo.Ella se enamoró de su mirada soñadora de cineasta de años 20 y siendo  una gran amante del cine debió pensar que era el destino quien había dejado a ese minino en su puerta. Poco a poco Jaru fue haciendo su rutina que trascurría indistintamente durmiendo (solo o acompañado porque es un gato que siempre te ofrece su calor), comiendo y curioseando cada paso que su dueña o cualquiera daba por el ático en el que viven. De vez en cuando, Jaru echa de menos la aventura y se enfrasca en algún viaje, el último de ellos finalizo en casa de la vecina de en frente  que no sabiendo que hacer con un gato tan grande y enérgico  intentó que volviera a su casa a través de los barrotes que separaban ambas terrazas. La operación fue un fracaso rotundo y Jaru con su magnífico cuerpo dio un salto de varios metros hasta alcanzar el tejado …allí se lo encontró mi querida amiga cuando regreso a casa tras el trabajo. Su vecina muy apurada le contó lo ocurrido, ella entro hasta la terraza , alargo el brazo y susurro su nombre. En un abrir y cerrar de ojos los dos estaban de nuevo en casa de lo mas risueños. Sí, sin duda, amor a primera vista.
Mía, una perra de raza galgo,larguirucha y con cierto aire de dinosaurio, fue  descubierta en un pueblo que se hizo famoso por dar a luz a una folclórica muy conocida de este país y que nos dejo hace poco; al verla allí tan pequeñita algo empezó a latir en el corazón de nuestra pequeña amante del séptimo arte, con sus ojitos miel y su pelo color trigo.
 Pero Mía no era consciente de ser oriunda de lugar tan ilustre, desde pequeñita demostró que ella tenía un espíritu libre, necesitaba correr, chapotear en la playa, respirar el aire de la montaña cuando salían al monte, cosa que en invierno ocurría muy a menudo y, al volver a casa, a pesar de tener su propia cama, siempre terminaba en  el sofá en las posturas más insospechadas; así que pensó que podía dedicarse a la acrobacia y se puso a aprender posturas imposibles que al principio llenaban de perplejidad a mi amiga y que luego termino por incorporar a su día a día de la forma más normal.
Mía y mi querida amiga tienen una relación amor-odio asegura esta última pero siempre que habla de ella se le encienden los ojos, fue casi su primer tema de conversación con servidora y no pasa un día en el que Mía tenga un poco de protagonismo.
Los dos tienen una relación estrecha y peculiar,por una parte hay días en los que se ignoran mutuamente con cariño e indiferencia y otros,en lo que comparten el sofá de la forma mas amigable, él siempre ha sido un gran apoyo para Mía en su papel de acróbata y Mía siempre ha sido muy paciente con  él instruyéndolo en el arte hacer faenas o desesperar a su compañera de piso....Pero dicen que el roce hace el cariño así que siempre terminan los 3 tan amigables  viendo alguna película de los años 20 en las posturas mas inesperadas y, aunque dos son compañía y 3 multitud esa es ya otra historia.

lunes, 7 de octubre de 2013

ME QUIERO

Apunto en papel, escribo a bolígrafo, y pego con fuerza en la pared de color blanco, a la mesa del escritorio, la mesilla, e incluso la puerta de mi habitación. Pego constantemente el hacer y deshacer de cada día, los mensajes que no llegan, algo por comprar y que nunca compré. Despego lo hecho y mantengo lo deshecho. Desde que enumero mi vida como una lista de la compra he dejado de ser tan caótica, algo más de organizada.
Mis post-it también se quitan y se ponen. E incluso se caen al suelo. Ahora mismo, sin ir más lejos, alzo la vista y tengo; una dirección con remitente en Frankfurt, un folklore con letras rojas mayúsculas y un número de teléfono que no sé muy bien que hace ahí o de quién es.
Me recuerdo que recuerde casi todo, y todo a veces es nada, y otras es demasiado. Pero hasta lo más sencillo se me acaba pasando, y los apuntes rotatorios, rotan, saltan y vuelan de un bolsillo a otro, de un vestido a un pantalón. Es gracioso, o curioso, o al menos a mí me hace gracia, sentarme a tomar algo, notar un barullo de papeles en el bolsillo y descubrir entre uno de ellos "escríbele o pensará que no la quieres". Parece una visión a lo memento, ajustada con una voz en off que se calca en forma de letra ilegible.
Me consuela saber que me tengo a mí, y a mi quisquillosa manía para poner un poco de orden en mí día a día.
 Y es que yo me quiero por dentro y por fuera.
 Me quiero a pesar de haberme traicionado, de no contar conmigo la mitad de las veces. A pesar de mi propio distanciamiento y pasar un poco de mi propio culo. 
Me quiero y me convenzo de que todo está perfecto, y me sonrío por las mañanas ante el espejo. Sí, a pesar de todo, lo cierto es que me quiero. 

Me quiero aunque  nunca regale flores. Me quiero a pesar de esa manía imperiosa de soltar tonterías y ocurrencias cuando estoy nerviosa, si no me he desquiciado a pesar de eso, no creo que una tempestad me dé la vuelta. 

Me quiero con vestido, con falta y con leggins. Sí, con pantalón corto y con pijamas los domingos. Me quiero mucho los domingos, con mis brotes de autismo, con mis torturas de lenguaje, y mis torpezas de diálogo. Me quiero con mi orgullo, con mis manos y pies pequeños, con mi cuerpo diminuto. Demasiado amor me regalo cuando me cuento mis propias historias, cuando escribo algo que no quería escribir, cuando cumplo algo que he dicho. 

Me quiero bien cuando me sabe mal. Me quiero lejos pero me siento cerca, y a pesar de ser malsonante, me quiero por mi amabilidad. Por mis estrechos recovecos. Por entretenerme cuando me aburro. Por eso, por todo y más; me quiero, a mí y a mis mil batiburrillos de palabrerío, cuando las cosas se ponen tensas y algo se tuerce a turbio. Con retraimientos, retorcimientos y espachurramientos ajenos sin sentido. 
Me quiero casi todos los días del año. Especialmente los de entretiempo con fular en cuello. Aquellos que me compro y estreno al instante. Me quiero cuando me confundo, mientras me caigo, y sobre todo, me adoro y me quiero cuando me hostigo por una decepción. 
Sí, me quiero, porque de no ser así, mal empezamos. 





jueves, 3 de octubre de 2013

Lluvia en los zapatos

Y salir la calle como los niñ@s a cantar y gritarle a la lluvia, con las botas de agua, salpicando, dejando salir desde dentro hacia fuera todo lo que sentimos, tememos, soñamos, amamos.
Y volver a casa con ganas de siesta y té. Acurrucarme en un extremo de la cama mientras la lluvia golpea en los cristales.
Y leer junto a la ventana y poder decirte: huele a tierra, a lluvia, a corazón.
Y pasear contigo del brazo y de la mano, acurrucarnos un poco para poder escucharnos, sorteando juntas algunos charcos que parecen océanos.
Y poder hacer todo eso pero junto a ti.



martes, 1 de octubre de 2013

EL CINE Y YO

No sé si alguna vez dije que soy cinéfila, que el Séptimo Arte me acompaña a lo largo de mi vida, que a veces me ayuda a soñar, otras me abre una ventana para que consiga evadirme cuando no me siento bien, en ocasiones me ofrece una respuesta cuando mi cabeza sostiene una pregunta retórica, el cine puede hacerme reír, imaginar, perdonar, llorar…
Cuando era pequeña veía películas y películas en versión original, a mí no me importaba que estuviesen en blanco y negro, o que hablasen en inglés/francés/alemán si estaban subtituladas. Cuando era una niña comencé a ser adicta al cine, y he de reconocer que el cine me ha salvado de momentos oscuros.


Y en todos estos años, no he parado de devorar películas, españolas, japonesas, irlandesas, británicas, francesas, sudamericanas, indias, rusas… Todas son válidas para mí. Mis preferidas son aquellas que se alejan bastante del efecto taquilla, me gustan las intimistas, las indies o de autor, aquellas que profundizan en las emociones humanas, aquellas que sacan a la luz nuestras sombras y deseos más complejos, que nos hacen descubrirnos un poco a nosotros mismo, nos enseñan tolerancia, otras culturas… gracias al cine te das cuenta de que la vida es corta pero ancha, caben muchas cosas.