jueves, 27 de noviembre de 2014

HE OLVIDADO MI MEJOR MOMENTO, PERO LO LLEVO DENTRO.



Como la protagonista de aquella película francesa fumando en la ventana, dejando que la vida se escape entre el humo. Como una canción que habla del quizás, quizás, y de los vestidos que nunca te pones y bailan en el armario.

Brillabas es cierto, últimamente algo te llenaba los ojos de vida y eras tú misma. Eras tú de nuevo. Tomabas infusiones cada noche y dejabas que la nostalgia se fuera lejos, bien lejos, y planeabas atracar corazones y robar librerías, dejar notas en los libros de las bibliotecas que dijeran:” Nos conocimos a la manera de Cortázar, sin buscarnos pero queriendo encontrarnos”. Y que tal vez la persona que debía leerla lo hiciese y la casualidad hiciera de las suyas. Entonces el café ya no sabría amargo y aunque lloviera durante 2 semanas seguidas tu sonrisa  sabría a arcoíris. Con tu cabeza llena de pájaros y la música en los autobuses. No era cosa del amor, tampoco de los trenes que pasaban de largo en los andenes, ni de los libros que descansaban en la mesilla de noche. Puede que tuviera que ver con las sombras de la ciudad del viento, con la calma, con el mar y sus mareas y, tú que te sentías llena de sol y de sal. Te sentías llena de vida.

Nos conocimos a la manera de Cortázar:sin buscarnos xo queriendo encontranos.

Aun recuerdas el atardecer más grande del mundo atrapado dentro de ti. Y es cierto que a veces la ciudad se hace pequeña, pero te sientes tan grande que eres capaz de volar por encima de ella, de farola a semáforo, y a  veces se hace grande, y te pierdes en las callejuelas bajo el abrigo. Pero ya nada importa más que seguir el curso de los días, con cafés y sueños, drogándote en las bibliotecas y emborrachándote de palabras. Porque así eres, una encantadora de sonrisas entre los pasillos más perdidos.
Como la protagonista de una película francesa que se coloca el sombrero, para volvérselo a quitar, y tiene una sonrisa grande, natural, y en ese pequeño gesto se para el mundo. Y la vida sigue, el viento mueve las flores en la ventana, y un gato callejero descansa apoyado en un banco de la calle. Y tu sonríes y el tiempo se detiene. Y alguien que te mira desde la otra punta de la habitación te dice entre susurros: Sigue siendo la que sonríe, la que viaja, la que sueña.

Y te colocas el sombrero y las flores paran de moverse, sales fuera, a la ciudad del viento, y las calles se quedan sin palabras, pero eso ya no importa, nada.

lunes, 17 de noviembre de 2014

HISTORIAS DE LAVANDERÍA

La ciudad poco a poco fue transformándose en un desierto, las personas iban desapareciendo poco a poco y sólo quedaban coches humeantes y semáforos cumpliendo su ritual. No sabía a donde se había ido la gente, tampoco me importaba. Desde la ventana observaba todo lo que estaba sucediendo. Parecía el fin del mundo, y yo asistía todos los días a esa función. Miraba por la ventana y todo el mundo desaparecía.

Algunos días salía a la calle para poder disfrutarlo. Era increíble caminar sin que nadie pudiera verme, escondida del mundo o más bien el mundo escondido de mí. Siempre soñé con tener una lavandería cerca de casa y poder tirar todos los recuerdos en esas lavadoras industriales. Y ahora que la tengo, puedo observar como todo da vueltas para luego desaparecer, esfumarse, los momentos, la vida, las camisetas azules, los calcetines desparejados.



Hay días en los que no entiendo el mundo y no me importa en absoluto. Me pierdo en mis personajes de cuento y logro alcanzar montañas, respirar aire puro en medio de la ciudad, doy la vuelta al cielo y vuelvo con una sonrisa prendida en las manos. Muy a menudo suelo vivir en otros mundos y olvidar el real. En mi mundo cada día a las 10 de la noche todos escapan, y mi vida imaginaria y yo salimos a pasear cogidas de la mano, en ese momento se puede respirar y la gente no corre de un lado a otro por miedo a perderse la vida. Y es entonces cuando que siento que estoy en total armonía conmigo misma, las farolas me sonríen al caminar, y olvido y respiro el olor a hojas secas.

La rutina que me envuelve me recuerda que estoy viva, y el frío aviva mis ganas de vivir el presente y olvidar que el mundo es mundo por un día.

lunes, 3 de noviembre de 2014

DE LA VIDA CUANDO NO ES VIDA

Así es, viajamos en este tiempo imperfecto que es la vida. Nadamos en el mar de asfalto, dejándonos llevar por los semáforos, hasta llegar a casa y encontrar la misma soledad. El mismo silencio que llena todos los pasillos. Es ese silencio de biblioteca, de gasolinera perdida en medio del desierto. Tenemos hambre de vida. Ansiamos escapar cada vez que vemos un tren que se va o un avión despegar. Caminamos entre los raíles esperando otro tipo de viaje. A donde haga falta. El cielo está demasiado lejos y los viajes en globo son un privilegio del siglo pasado.
Soñamos entre las páginas de un libro con una vida que nunca tendremos mientras la televisión nos grita que necesitamos un puñado de pantalones y vestidos para demostrar al mundo quienes somos. Nos echamos cremas, nos pintamos los ojos para disfrazar la tristeza y salimos a comernos el mundo. Vivimos de la apariencia y olvidamos que lo mejor es lo de dentro. Hablamos del tiempo en los ascensores, esperamos la hora de salir del trabajo o de clase para poder gritar en silencio que somos libres.
Atrapados, siempre, entre las putas horas del reloj, aunque quedan algunos que se enamoran por la calle y se sientan en el banco de la plaza a respirar. Otros que corren todos los días hasta el mar para recordar que estamos vivos por alguna razón. Pero el resto, olvidamos, olvidamos que debemos decir te quiero de vez en cuando, que la amistad verdadera es una mirada que lo dice todo, que los libros nos llenan de vida y de vez en cuando tenemos que pararnos a respirar. Olvidamos el mar, y sus respuestas. Olvidamos a las personas que tuvimos al lado y nos encerramos en nosotros mismos. Esclavos de los horarios, del asfalto, de la vida cuando no es vida.

Hoy, me voy a vestir de amor y voy a deshacerme de las ataduras. Voy a sonreír y disfrutar porque es un día especial, solo por el hecho de que estas tú.