lunes, 29 de diciembre de 2014

TRISTEFELIZ 2014

Este 2014…
He aprendido que aunque te mueras de nostalgia, alguien puede aparecer y hacer que todos tus días sean rojos en el calendario. He leído por fin completamente 1Q84 de Murakami, he sido Coraline en sus mundos, Caótica más que nunca, cerré los ojos y me perdí dentro de mí con Angus and Julia Stone, he hecho eternos los días más cortos y cortos los días más eternos.
Grité hasta quedar afónica hasta que algo apareció y me saco de mis días tristes. Hice más locuras que nunca. Me arrepentí de alguna. Hice caso a mis instintos todos los días del año. Algunos días estaba equivocada. Crecí por dentro, aprendí de la tristeza y me hice amiga de la soledad. Visite playas hermosas, el mar siempre llena todos mis recuerdos. Tome café para desayunar todos los días del año. Aprendí que hay cosas que es mejor no soñarlas, porque pueden hacerse realidad… y también deshacerse. Y duele. Tuve los días más intensos de mí vida, y llegué a la conclusión de que seguiré poniendo el corazón en todo lo que haga, aunque con los años esté un poco más cansado.
Gracias a los que me hicisteis reír, a los que llegasteis por casualidad como un regalo. Los que compartís mis días. Los que están, da igual donde pero están, los que se perdieron por el camino. Gracias por todo.
Espero seguir riendo por lo menos 365 días al año y llorar la mitad o menos.

He sido feliz gracias a vosotros, y espero seguir siéndolo. A sonreír!!

martes, 16 de diciembre de 2014

TENEMOS TANTO, QUE NO TENEMOS NADA.

Tenemos microondas para freírnos el cerebro, cafeteras para cocinar a fuego lento sueños color azul inventado y  lavadoras que centrifugan palabras a mil por hora. Tenemos coches con los que viajar, naves espaciales para visitar otros planetas sin movernos de la cama y vasos en los que almacenar lágrimas. Maletas en la que caben sueños en forma de ropa interior, libros para cuando se nos olvida por qué vivimos. Tenemos la estantería llena de adornos inútiles que nos recuerdan quienes somos, y bolígrafos para apuntar todo lo que se nos pase por la cabeza y hacer la lista de la compra. Faldas para ponernos los sábados noche  y tacones y maquillaje para aparentar ser quién no somos. Luchamos por algo, no sabemos por qué, pero nos levantamos cada mañana por motivos que se escapan bajo el agua de la ducha. Estamos vacíos, somos cáscaras andantes observando cómo el mundo se desmorona. Tenemos mil maneras de decir las cosas pero pocas veces nos atrevemos a ello, preferimos dejar que el tiempo pase y nos aplaste. Tenemos ganas de cambiar el mundo pero como mucho nos cortamos las uñas para no arañarlo. Nos gusta reír y aunque a veces se nos olvida el modo de hacerlo, lo buscamos en el almacén de la memoria. Tenemos cajas de zapatos llenas de cartas que nunca llegaron a su destino y fotografías que nunca vieron la luz en el último cajón.


Sin billete de vuelta

Sabíamos cómo ser felices pero un viento huracanado nos arrebató todo lo que teníamos. Tenemos una cadena de sueños atada a los pies que no nos deja volar y un cielo que no admite pasajeros sin billete. No existen mostradores donde vendan billetes hacia la felicidad. Tenemos momentos desperdiciados cayendo de nuestras manos al suelo y destruyéndose. Ganas de hacer cosas bonitas y tiempo que se escapa corriendo bajo la piel. Tenemos tanto, tanto que no tenemos nada.

Una maleta de sueños aguardando detrás de la puerta para cuando haya que escapar de improvisto. Sin billete de vuelta.