viernes, 17 de octubre de 2014

LA ETERNA SOÑADORA DE IMPOSIBLES

La eterna soñadora de imposibles nunca se conforma con la realidad. Pese a adornarla con vivos colores, imaginarla a su manera y darle la vuelta a todo lo que encuentra en su camino, termina ganando la fantasía. La eterna batalla con el eterno ganador. La comunicación que de verdad consigue darle la vuelta al mundo tiene menos palabras que cualquier libro y entiende más de miradas, caricias y besos. He estado dando vueltas en espiral tanto tiempo que ni el despegue de un avión mueve mis entrañas. Me da más miedo cuando el que despega es mi corazón sin destino alguno. Dispuesto a dar vueltas por el cielo hasta terminar el combustible.



Tengo el corazón lleno de sal de las aguas de todos los mares que lloré, los pies llenos de arena fina y a mi pecho le cuesta respirar. Las luces del atardecer atrapando mi mirada perdida, un barco que no sabe a dónde va gira en mis pensamientos. Un día estás aquí y al siguiente no recuerdas quién eres, cambias el nombre en cada madrugada pero sigues poniendo el corazón en cada cosa que haces. Te define el corazón en la mirada y a veces dudas si tirarlo a la vía de un tren… y a veces sin querer dañas a los que tienes al lado. Tan inconsciente que te cuesta saber dónde colocar tus pasos, no hay camino. El camino lo tienen que hacer tus pies. Y las heridas por pisar en el sitio equivocado pueden doler incluso años. Esperando que llegue tu tren, dejándote mecer por el viento, suspirando por lo que se fue y por lo que vendrá, soñando con algo que nunca paso y quizá nunca pase. Pura fantasía que te hace cerrar los ojos hasta que te duelen, y cuando los abres te das cuenta que dejaste ir la realidad para dar paso a algo que no existe. Igual ni tu existes, ni yo existo, ni nada existió.

 Quizá me pase la vida debatiéndome entre la fina línea que separa la realidad de la fantasía, donde viven los trucos de los magos que son imposibles, la magia de las estrellas fugaces y de las casualidades que recuerdan toda una vida. 

martes, 7 de octubre de 2014

EL MOMENTO MÁS IMPORTANTE ES EL AHORA

Algo aprendí de la lluvia, a construir mejores paraguas. Si la comida se enfría, se calienta con las manos, y si el té te quema el corazón, debes ponerlo menos al fuego.
Aprendí de la vida a contar las sonrisas con los dedos de una mano, a recordar lo justo y olvidar lo necesario. Aprendí muy pronto a echar de menos, y sin embargo nunca soy capaz de echar de más. Me perdí en paisajes, montañas, mi sitio favorito siempre será al lado del mar, color azul cielo inventado.




Si hay algo que me recuerda que estoy viva, son los besos por la mañana, y el café caliente si lo hace alguien especial. Si hay algo que me recuerda que estoy muerta son las noches solitarias. Escucho música, me empapo de palabras, de sueños, vivo todas las películas del mundo y me pierdo por las calles cada noche. Aspiro a guardar entre mis brazos todos los atardeceres de película. Saltar entre las piedras de alguna playa desierta, y si me hago daño, lo curo con saliva, sé que vivir provoca demasiadas heridas, pero las que peor cicatrizan son las del corazón. Aprendí que debo saltar los charcos sin que me importe calarme los pies. A saltar los días sin que se empapen mis ojos. Que las mejores meriendas eran las que tomabas al salir del colegio, sin embargo, los mejores desayunos son los que te traen a la cama. Que los sueños que te hacen sonreír un día, al siguiente pueden hacerte llorar más que nunca. Que un cielo lleno de estrellas siempre es una buena excusa para pedir un deseo. El café mejor si está bien cargado. El sexo mejor en una cama y con abrazos de por medio. Mejor vivir al máximo. Mejor coger aviones imaginarios cada mañana que estancarte en la rutina para siempre.
Aprendí de las gotas de lluvia que resbalan por mí ventana que detrás de un sueño hay un recuerdo, y detrás de un beso un adiós. Que el momento más importante es el ahora.

Y estoy dispuesta a vivirlo.