viernes, 28 de febrero de 2014

HER

Her es una película triste, pero triste de una manera bella, conmovedora. Es de esos films que te habitan durante días, que siguen en tu cabeza tras la palabra "Fin" por lo menos es lo que me ha ocurrido a mí…. Y también es uno de los relatos más hermosos que he visto sobre inteligencia artificial. 
La película se sitúa en un futuro no muy lejano, donde todo el mundo parece feliz pero extrañamente solitario e individual, siempre ensimismados en una charla privada con sus móviles. ¿Os suena de algo? Un futuro en el que la gente viste como abuelos con un toque ochentero, o dicho de otra manera, como hispters.

Su protagonista, Theodore Twombly (un Joaquin Phoenix sublime) tiene un trabajo extraordinario: se gana la vida escribiendo cartas de amor para los demás. Es un personaje de una gran sensibilidad y un artista a la hora de expresar la intimidad en nombre de otros. Pero tras el fracaso de su matrimonio es incapaz de emocionarse ante la vida. 





Todo cambia el día que compra un sistema operativo adaptado a su personalidad y a sus necesidades. Theodore decide escoger una versión femenina, Samatha (Scarlett Johansson o su voz xD ), que poco a poco va desarrollando una conciencia cada vez más compleja, con aspiraciones y deseos propios.
La película está llena de diálogos y momentos que te dejan pensando. Nos habla del amor, del desamor, de la capacidad de volver a ilusionarnos por la vida cuando creíamos que todo lo que nos quedaba eran sucedáneos o simples reverberaciones de sentimientos pasados. Nos habla de relaciones humanas y de nuestra relación con las máquinas tecnológicas. Nos hace plantearnos que es lo verdaderamente "real" y qué es ilusorio, y si es posible amar a un ser incorpóreo. Pero sobretodo nos habla de la necesidad rabiosamente humana de amar y de sentirnos conectados.


Hay una parte de la película, cuando Theodore habla con su ex mujer(una onmipresente Rooney Mara a través de unos muy efectivos flashback) y le cuenta que sale con un sistema operativo, entonces ella le dice que no sabe manejar emociones reales, creo que cuando alguien te gusta, todas las emociones son reales.

El momento culminante en la película ocurre cuando Theodore descubre que Samantha está hablando con más gente y tiene la intuición de que la relación que mantiene con ella no es tan “personal” ,creo que ese momento es clave para entender la diferencia entre la forma de sentir de ambos personajes o su evolución.

A parte de una fantástica fotografía, Her cuenta con una banda sonora excelente compuesta por Arcade Fire (Spike Jonze -amigo de la banda- les ha dirigido en algunos de sus videoclips). La BSO también incluye el tema The Moon Song de Karen O, nominada al Oscar a mejor canción.
  
Amy: ¿Te estás enamorando de ella?
Theodore:
 ¿Eso me hace un raro?
Amy:
 No… No, creo que es… creo que todo el que se enamora es un raro. Hacerlo es una locura. Es como una forma de locura socialmente aceptable.  


miércoles, 26 de febrero de 2014

DE IDAS Y VUELTAS

Me busca con la mirada y siento como dos ojos se me clavan en la nuca, en la frente, en las manos. Me recorre de arriba abajo intentando llamar mi atención. Lo noto, sabe que lo sé, sé que lo sabe.
Me busca. Me encuentra. Durante un rato sabemos cómo sostenernos entre un te miro y un me escondo. Un murmullo huidizo. Ahora miro y ya no estás.
Me busca con la mirada y me recorre. Me tienta. Ya no sé si es cabezonería mía, o es que quiero ignorar. Pero me busca, me encuentra, y vuelvo a mirar. Agacho la cabeza, escondo mis sentidos, me tapo los ojos, ya no estás.





Se va, vuelve y ni siquiera pregunta. Me escondo, se esconde, y esto empieza a parecer una estúpida película americana donde el feo patoso siempre acaba con la chica guapa. Detrás de una puerta, detrás de un armario, entre las sábanas, bajo el edredón, encima o debajo de la mesa, donde sea es un buen lugar para destapar mi lado más inocente entre juegos, donde parece que la vida me fuese en ello. Será porque hace mucho tiempo que no me buscan con tanto ahínco.

Me busca y me vuelvo completamente estúpida, me arrastro por el suelo y juego al escondite, un dos tres, dónde estás. Te persigo, me huyes, me arrastro, te escondes. Siam, ¿dónde estás? Me has visto, te he visto, me buscas, me encuentras y entre maullidos me vuelves a enamorar.

sábado, 22 de febrero de 2014

A DIETA

Cambiar el modo de pensar es complicado, es como hacer dieta. Al principio estás motivada y pierdes un montón de peso con facilidad, luego parece que no avanzas y te metes un atracón de donuts porque es más fácil que seguir insistiendo. Yo estoy a dieta de pensamientos que me estancan y que no me llevan a ninguna parte. Siguiendo con el símil, cuando te das cuenta de lo mal que comías, y de lo mal que has comido, de lo responsable que eres de todo eso y de lo que te rodea, puede que te sientas fatal, pero es entonces cuando no te puedes pegar el atracón de patatas fritas. Lo pasado ya no lo puedes cambiar, pero puedes dejar de comer "mal" de ahora en adelante. Como mi dieta es de pensamientos erróneos, las patatas me las puedo comer tranquilamente. Estaban muy ricas.

viernes, 14 de febrero de 2014

EL MIEDO

Hoy vengo a hablar de temas trascendentales. Sí, me he levantado profunda y filosófica después de haber tenido una de esas conversaciones que dejan una semilla en ti hasta que acaba creciendo una reflexión y he tenido que ponerme a escribirla para que no se me olvide.
Hoy quiero hablar del miedo. El miedo es una emoción básica, de esa lista de emociones básicas que lo queramos o no rigen nuestra vida o forma de afrontar las cosas. El miedo es, para mí, la emoción más importante y más determinante en el ser humano; todo se mueve a partir del miedo - que seamos conscientes o no, eso ya es otro tema-.

Podría sentarme a escribir un ensayo antropológico para sustentar mi anterior afirmación, pero no me apetece una mierda, así que voy a ir directa a la cuestión: Yo siempre he tenido mucho miedo a muchas cosas. Desde las cosas más simples como cruzar la calle, a cosas más importantes como ser capaz de mantener conversaciones trascendentales con personas trascendentales. La chica de las mil corazas era yo; cuando las cosas se ponían feas me escondía dentro del caparazón y esperaba a que  la tormenta terminara por cansarse. Pero entonces pasó algo y al meterme dentro del caparazón me mojaba exactamente igual que estando fuera. Y el viento me despeinaba, y al andar me saltaban las baldosas sueltas manchándome los vaqueros, y todas esas desdichas propias de los días de tormenta. Yo era la tormenta; y por primera vez no podía escapar de ella.

¿Qué pasó? que me acostumbré a la lluvia. Y aprendí a vivir con el miedo. Joder, vaya que si aprendí. El miedo me dominaba por completo como nunca antes había sido consciente. Seguro que os ha pasado alguna vez el estar, por ejemplo, haciendo el idiota en la silla de clase sobre las patas traseras, y en una milésima de segundo al impulsarte más de la cuenta, sentir como si fueras a caer hacia atrás justo antes de agarrarte a la mesa y evitarlo. Esa sensación; ese es el miedo. Lo que pasa es que para mí no fue una milésima de segundo, si no un año.

Ese año me ha cambiado. 2013 ha sido mi Máster en miedo, y sus últimos meses junto con los primeros de este 2014 recién estrenado han sido mis prácticas externas poniendo a prueba todo lo que había aprendido. El resultado no ha podido ser más revelador ni más positivo. Hasta yo me he sorprendido por mi forma de hacer las cosas, de pensar y de sentir. De pronto me he visto a mí misma con ganas hablar temas antes intocables con gente antes intocable, renunciando a cosas por mi propio bien, arriesgándome a otras a las que antes jamás me habría arriesgado, aprendiendo a decir que No y lo más importante: aprendiendo a no decir que No a las cosas inesperadas por el hecho de no poder controlarlas.

He dejado de intentar controlarlo todo y de intentar mantener todas las situaciones bajo control. He aprendido a salir sin saber cómo voy a volver a casa, ni a qué hora. A tomarme las cosas con más calma, a saber perder cuando no se puede ganar, a mostrarme más, a darle la importancia justa a algunas cosas que yo misma había subido al escalón más alto….Porque antes no lo hacía ¿sabéis? siempre se quedaban ahí, detrás del muro .

Me he descongelado. Ya no soy el cubito de hielo que era antes, lo sé. Ahora tengo la certeza de que voy a poder 'querer bien' y no solo 'querer' a alguien, y que no voy a tener miedo a las conversaciones trascendentales, ni al futuro, ni a tomar decisiones. De pronto he entendido que todo ese miedo ya no está, que se ha ido como se ha ido el hielo, y el dolor,  y la inseguridad. Y si tengo que ser sincera, he de admitir que nunca he estado tan bien emocionalmente. Ni para mí misma, ni para nadie. Ahora tengo miedo a otras cosas, pero ese miedo es de los miedos buenos; de los que te impulsan a hacer cosas y a seguir adelante, como el miedo que se tiene antes de caer en un montaña rusa.

En realidad, es bueno tener miedo.

Si no tuviéramos miedo, nunca tendríamos la oportunidad de ser valientes.


domingo, 9 de febrero de 2014

ESE DÍA…

...hacía frio, pero a mí me daba igual. No era ni verano, ni tampoco primavera. Las estaciones se habían aliado de tal manera, que el sol tras los cristales me calmaba. Sin embargo al tocar la ventana con la yema de mis dedos, podía sentir que el invierno se acercaba. Lentamente. Los viajes en autobús suelen ser cálidos y calmados. Hallo una perfecta sintonía entre el asiento y el cristal. Me recuesto y enseguida encuentro el sueño. Aquel día, no pude dormir. Entre otras cosas tuve que lidiar con una pasajera algo habladora. En su intento de halagarme, me dijo que parecía que tenía 15años, como el amor de juventud. Continuó explicándome que me parecía a la ex novia de su hijo, Cristina, una chica habladora y algo artista. Me sorprenden las comparaciones, son tan subjetivas como sorprendentes. Y aunque a veces suenan disparatadas, siempre hay un punto de conexión que no sabes bien si lo has buscado adrede, o es que realmente existe como tal. Al llegar a la estación sentí una especie de alivio, aunque aun me quedaba por explicarle las dichosas líneas de metro que nunca me aprendo. Un lío de colores en torno a paradas de Madrid. Me preguntó mil veces, se lo repetí, y aún así, la acompañé. Soy tan así que a veces no sé muy bien como desentenderme. Corrí con la maleta. Tenía razón, hacía frío. Pero más bien era una sensación. Me encaminé, me miraba los pies, y en una sala rodeada de gente, vi mil caras pasar. Una tras otra. No reconocía ninguna. Y me sentía demasiado pequeña. Me apartaba, me giraba. Me coloqué en un rincón. Volví al pasillo, retrocedí. Pensé que quizás, por una vez en mi vida, había llegado antes de tiempo. Esperé, y entre titubeos saqué el móvil. Lo miro, lo cojo, lo guardo y lo vuelvo a mirar. Me llega un mensaje,” Ya te veo... “  Y ese día hacía frío, pero a mí me daba igual.

http://www.youtube.com/watch?v=FcVodHiCp_c

jueves, 6 de febrero de 2014

LA VIDA DE ADELE

Mucho se ha escrito sobre esta película en los últimos meses, más que nada por sus controvertidas escenas de sexo. Yo venía de leer el cómic en el que se basa (aunque sólo en parte) y tenía una mezcla de expectativas altas y actitud defensiva a partes iguales.
La vimos Cris y yo juntas y creo que debemos de haber sido de las últimas en hacerlo. Cris se moría de ganas de verla pensando en 3 horas en francés (porque por supuesto la hemos visto en versión original).
Antes de nada, aviso que voy a ofrecer mi opinión basándome en numerosos detalles de la película, así que si aún no has tenido la oportunidad de verla, no me leas, hazlo después si te apetece.
Adele me ha parecido sublime. La primera hora y media, Adele se mueve, sufre, vive y se apasiona como yo a esa edad. Ahora tengo unos poquitos años más y aún me quedan restos de ella, aunque soy, involuntariamente, en la actualidad, más práctica y mucho más cauta que hace unos años.
Empecé a ver la película en silencio (bueno me mantuve contenida todo el tiempo), y me vi tan reflejada, que me emocioné con algunas escenas, dándome ganas de salir corriendo. Adele comienza siendo una adolescente apasionada, vacía porque el mundo no la llena, porque siente que algo falta, nos muestran su sensibilidad, su amor por los libros, su sinceridad, segura de sí misma, con cierto aire enigmático, su carisma que atrae a los chicos de su edad y alguna que otra chica del colegio (por cierto, ese personaje me gustó). Adele siente ternura hacia los hombres, y los utiliza incorrectamente como un instrumento de compañía, como un recurso más sencillo porque no le afectan las relaciones que mantiene con ellos, porque las personas que sentimos (y me incluyo) con tanta intensidad, tendemos a sentirnos solas aunque contemos con amigos y parejas.
Adele se enamora, y el amor la vuelve vulnerable, pequeña, lentamente, sin ser consciente. Creo que la película define muy bien esa vulnerabilidad, con miradas, frases cortas, con gestos y detalles. La interpretación es increíble, el uso de primeros planos nos hace que sintamos más próxima la belleza y la crudeza de la vida, los celos, la inseguridad. En ese sentido, la película me parece excelente, pues todo se transmite con los ojos y la boca, sin la necesidad de las palabras. Muestra el dolor, el amor, el sexo, el miedo, el deseo, con demasiado realismo  en ocasiones.
El amor se transforma, deja de brillar del mismo modo, para mí cambia cuando Adele, tras una fiesta en la casa que comparten años después de conocerse, se abraza por la noche a Emma, y mantienen una conversación en la que se deja entrever que la admiración de Emma ha descendido, y que Adele se le antoja muy joven y algo menos interesante que sus amig@s intelectuales. No sé, creo que ese momento es clave, porque en muchísimas relaciones ese instante se vive lo queramos admitir o no, dejan de admirarnos y dejamos de idealizar, de pronto aquello que nos resultaba tierno o atractivo, se vuelve común, y se genera un ambiente hostil y silencioso, crece la inseguridad y el reproche debajo de la piel, y lo dejamos ahí, como dormido.




Me encantó el uso de primeros planos. Bocas, piernas, ojos, pelo, manos… Me fascinó el modo en el que muestran la desesperación (mocos, saliva, lágrimas). Me encogí de dolor cuando discuten, cuando se hieren, cuando dejan de resultar atractivas, porque la aflicción y la traición afean.
Me gustaron bastante las escenas de sexo  pero  las imágenes están carentes de sensualidad, de elegancia o ternura, son bruscas, poco favorecedoras, yo creo que precisamente eso contradice el misticismo del deseo femenino, el famoso orgasmo femenino del que hablan, intenso, apasionado, profundo y complejo, ese que describen algunos personajes en la película pero que luego no se muestra en las escenas de sexo. Me sobraron algunas cosas en ellas(esas palmadas en el culo….). En mi opinión, la pasión no tiene por qué ir unida a la brusquedad o la crudeza.
Por otra parte,el dolor de Adele, el no reconocerse a sí misma cuando se siente desesperada, el no saber cómo ir hacia atrás para reencontrarse, llorar en la calle sin poder remediarlo, el no saber medir el amor, la forma en la que se desborda, el modo en el que se desdice. La escena en la que dice: yo no miento. Yo no lloro.
Me encantó. Fue a veces como mirarse en el espejo. A veces. Adele es yo en algunos momentos a saltos en mi vida. Pero no todo el tiempo.
Me quedo con la fotografía, el ritmo, la banda sonora(momentazo I follow rivers) y la interpretación de las actrices,todo esto la convierten en una película que hay que volver a ver para poder ser digerida.


sábado, 1 de febrero de 2014

UNA CARTA

Las cartas son un vínculo que compartes con alguien más. Hay cartas y cartas. Muchas las escribes y no las llegas a enviar, no sabes bien porqué. Siempre he creído que cuando escribes algo, por muy personal que sea, en el fondo, sientes la necesidad innata de que ese algo es para alguien. Que, aunque reprimas entre vergüenzas y sentimiento de lo que para uno es propio, quieres que sea leído.
A veces, bueno, demasiadas veces, se escribe aquellas cosas que un día no supiste decir. Todo lo que se te pasa por la cabeza en forma de imágenes y escenas perfectas donde te acompaña el don de la palabra. Pero simplemente son sueños que no puedes recrear en la realidad, y nos hace abstraernos.
Una dirección y un remite. Un sello, unas cuantas cosas, y una letra curvada hacia la derecha, con las líneas torcidas hacia arriba, porque escribir es imaginar, e imaginar es poner una cara a ese sueño.





Con los cambios de lugar, y antes de meterme en las nuevas tecnologías, me pasé años y años escribiendo cartas a mis amigos. Era un vínculo mucho más cercano que recibir un toque o un sms al móvil. Más cercano que una llamada y más distante que pasar una tarde en un césped, pero me estimulaba.
Ha pasado bastante tiempo y aun sigo escribiendo alguna carta de vez en cuando. Releo las antiguas y me doy cuenta de que las cosas cambian, lo que se escribe, lo que no se escribe, lo que se quiere decir y lo que al final no se dice. Te reprochas por mandar una carta que no tuviste que mandar, y esperas algún día mandar otra.

Y a ti, si te escribiera una carta te diría que hoy ha nevado aquí y no fue lo mismo sin ti, me doy cuenta de que el frío que siento no se debe al clima.