miércoles, 26 de febrero de 2014

DE IDAS Y VUELTAS

Me busca con la mirada y siento como dos ojos se me clavan en la nuca, en la frente, en las manos. Me recorre de arriba abajo intentando llamar mi atención. Lo noto, sabe que lo sé, sé que lo sabe.
Me busca. Me encuentra. Durante un rato sabemos cómo sostenernos entre un te miro y un me escondo. Un murmullo huidizo. Ahora miro y ya no estás.
Me busca con la mirada y me recorre. Me tienta. Ya no sé si es cabezonería mía, o es que quiero ignorar. Pero me busca, me encuentra, y vuelvo a mirar. Agacho la cabeza, escondo mis sentidos, me tapo los ojos, ya no estás.





Se va, vuelve y ni siquiera pregunta. Me escondo, se esconde, y esto empieza a parecer una estúpida película americana donde el feo patoso siempre acaba con la chica guapa. Detrás de una puerta, detrás de un armario, entre las sábanas, bajo el edredón, encima o debajo de la mesa, donde sea es un buen lugar para destapar mi lado más inocente entre juegos, donde parece que la vida me fuese en ello. Será porque hace mucho tiempo que no me buscan con tanto ahínco.

Me busca y me vuelvo completamente estúpida, me arrastro por el suelo y juego al escondite, un dos tres, dónde estás. Te persigo, me huyes, me arrastro, te escondes. Siam, ¿dónde estás? Me has visto, te he visto, me buscas, me encuentras y entre maullidos me vuelves a enamorar.

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