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lunes, 27 de julio de 2015

SONRÍE

Hablar del tiempo que hace para no hablar del tiempo que pasa. Que nos mata. La distancia, la vida, cuántas veces nos damos de bruces y tomamos decisiones equivocadas. ¿Nos da miedo la felicidad?¿Los cambios?.Nos acomodamos a la tristeza y sabemos vivir en ella.  Intentamos mantenernos ocupados para no pensar, para no darnos cuenta de que deberíamos cambiar, de lo que falla en el camino a la felicidad. Una vez, no hace mucho tiempo, sonreíste de felicidad y tus ojos brillaban, lo sé. No pierdas la ilusión y persigue lo que te haga brillar. Sea lo que sea, no lo dejes escapar. Las palabras vacías se las lleva el viento y al final lo único que importa es lo que sale del corazón. Deja que las palabras vuelen, que se vayan, que ya te vaciaron demasiadas veces. Deja que el tiempo te dé la respuesta y abre tu corazón de par en par para dejar ir lo que te impide sonreír antes de dormir.


Deberías sonreír cada puta noche antes de dormir. Te lo mereces.

miércoles, 22 de julio de 2015

HISTORIAS DE LO COTIDIANO

En este momento hay tantas personas en este mundo, tantos planes, tantas cosas que hacer. Una mujer mira ensimismada como centrifuga la lavadora, al mismo tiempo su corazón va girando buscando en el fondo del círculo sus días de colores. Un hombre escucha el sonido del mar, en el muelle, donde tantas veces la amó. Se consume entre el humo del cigarrillo que está fumando. Le consume la vida. Al girar la esquina, en el cajero, un hombre que perdió la casa y la vida se relaja bebiendo un litro de vino. Sólo es feliz cuando algo le calienta el corazón. Los niños juegan en el parque, el niño más pequeño se enamoró de la niña mayor, le recuerda a las niñas que ve por televisión. Le gustaría casarse con ella, sabe que le quedaría bien un vestido de princesa. Ella es una de ellas. En el ático del edificio, una mujer esta tumbada desnuda en su cama. Su cuerpo sólo es tapado por una pequeña sábana. Su amante acaba de salir por la puerta, hace tiempo que dejó de quererla, sólo ama el roce de sus cuerpos, ella mira hacia el techo resignada. En el parque dos adolescentes apuran sus últimos besos, no saben cuándo volverán a verse por eso de los horarios. Apuran el último roce, se abrazan como si nunca volvieran a volver a verse. En uno de esos abrazos intensos, los primeros que se dan, con la fuerza de un puto huracán. Otra pareja coge un avión, adoran viajar, y en breves instantes aterrizaran en un lugar nuevo, se comerán a besos y a lo que no son besos hasta que el cansancio los venza. Dormirán abrazados.





Tantas personas, tantos sueños, algarabía de días buenos, lágrimas llenando aceras en días malos.
Una mujer se deshace en la habitación de la que no sale desde hace días. Perdió la esperanza y no hay nada peor que pueda pasarte. Se acerca su hora, sólo quiere reunirse con su marido  y bailar el último baile, como cuando eran jóvenes y no les estaba permitidos acercarse al bailar.

Desde mí ventana siempre veo lo mismo, pero he visto tanto desde tantas ventanas que puedo 
imaginar todo lo que pasa en el mundo.

domingo, 3 de mayo de 2015

MITAD GATO,MITAD MUJER

Soñaba con volar, con ver el mar, con conocer tantos sitios como días tiene el año y retratarlo todo con su cámara. Quería vestirse de sonrisas y sonreír todos los días, y pintar los domingos de llamativos colores. Conoció mares, sueños, amores.. Corrió por demasiadas calles, voló alguna que otra noche. Era mitad gato, mitad mujer. Arañaba cuando apretaban su corazón, y sonreía cuando le acariciaban la cabeza.Había creado historias de mujeres que tocaban el piano para recordar que estaban vivas,hombres con sombreros grises que sólo deseaban robar el tiempo.




Al final voló, voló más que nunca y se perdió por calles desconocidas imaginando su vida en ellas. Saltando por la acera, contando las baldosas y dejando migas de ilusión por si no recordaba el camino de regreso. En las horas de silencio del autobús que cogía cada mañana repasaba mentalmente las veces que se rió. soñó, y fue capaz de traspasar las barreras del tiempo. Esos momentos de pura felicidad, la de los cielos azules y los ojos brillantes. Aunque algunos días se hubiese desecho en lágrimas como las magdalenas del desayuno, la mayoría había reído tan fuerte que todo el vecindario se había enterado. Había colocado anuncios en las calles que decían lo siguiente:La vida es corta pero ancha, caben muchas cosas. Ella estaba convencida de que eso era así y que nadie podría derribarla. Aunque el fondo de su corazón estaba gris,el resto eran globos de colores que no paraban de volar por el cielo. Y lo más importante de todo era que tenía unas enormes ganas de viajar y comerse el mundo y conocer a alguien a quien poder mirar a los ojos y prometer: Me voy a quedar contigo para siempre, y seremos capaces de viajar odiando los relojes y hacer viajes infinitos sin movernos del sitio, excursionistas que vuelan en teleférico.
 Se convertiría en una adicta al café, a la felicidad, al sonido del mar, a las noches estrelladas,a los sofás de Ikea,a las postales y al presente. A sus besos y abrazos, los más bonitos del mundo. A conquistar el cielo desde las azoteas cuando nada importa más que sus sueños.

https://www.youtube.com/watch?v=akYuy2FMQk4

martes, 31 de marzo de 2015

A MIL REVOLUCIONES POR HORA

Alguien fotografía desde el último piso un barrio que no conozco, en el que nunca estuve, pero, por un instante, me encuentro caminando en él. Vuelvo con las bolsas de la compra del supermercado a casa, un bajo. Hoy toco comprar salmón, pan, yogures, y tarros de conservas. Comida enlatada. Llevo años alimentándome de comida precocinada, podría ser un símil de la vida. Paso delante de la floristería, querría comprar un par de flores. Siempre soñé con poder cada mañana coger un ramo de flores del jardín de mi casa, colocar el jarrón en medio de la mesa y preparar el desayuno, pero, me levanto despeinada y no hay jardín en un bajo. Corro a coger el autobús con el termo de café en la mano, camino de vuelta a casa. Es martes por la tarde y hace un sol espléndido, nadie diría que hace tan solo unos días era invierno. Llevo un par de días sin hablar con nadie conocido, el único que me da los buenos días es el dueño de la cafetería cada mañana. Llevo semanas sin escribir. Creo que sería más fácil si hubiese cafeterías en las que el camarero viniera a servirme café cada poco. Y beber y beber café toda la tarde. Con una libreta llena de palabras y tachones, y olor a café, abandonar ese lugar con la libreta llena de vida y el corazón vacío por una vez. Ligero, como el viento. En casa, la ropa huele a suavizante y se mueve con el aire, la cocina está llena de platos usados y en el cajón no quedan cucharillas de postre. Inexplicablemente es el cubierto que más utilizo: me paso el día tomando infusiones. Hace unos días compre una que se llama “Infurelax” y voy a dos sobres por día. 


Infurelax


Querría tener una azotea, vivir en los tejados. Siempre fui de las que sueñan más de la cuenta y se pierden imaginando que pasa más allá de sus ventanas, de sus fronteras. Viviendo en una película interminable, declarándome a las orillas del Sena “siempre pienso en ti, fúgate conmigo”. Pero no hay fugas, los aviones han decidido no aterrizar en este aeropuerto. En este cuerpo
Tengo la cabeza a mil revoluciones por hora y el otro día conté más de mil latidos por segundo, el diagnóstico fue: Sobredosis de realidad (o de café). He llegado a la conclusión de que debo sonreír más, acariciarme más la nuca, olvidar estas ganas de odiar todo lo que me encuentro a mi paso. Centrarme en querer. En quererme bien. Ponerme más vestidos. Caminar más por ciudades desconocidas. Aprender a mirar la vida con otros ojos, aunque sigan verde bosque como siempre. Vivir aventuras en la cama cada noche, leer, leer más, leerte más, ver más allá de tus ojos. Ya ha llegado la noche. Estoy sentada, mirando por la ventana, la soledad se extiende sobre mis ojos, las luces de las farolas llenan de vida cada rincón, es precioso.
Mi único plan para mañana es ponerme mi mejor vestido, salir de casa con ganas, y en el improbable caso de encontrarme contigo, mirarte a los ojos y sonreírte. Te prometo que intentare todos los días ver la vida con estos ojos, pero si algún día me ahogo, ven a rescatarme, que sigo siendo la misma de siempre.

La misma loca que te diría a orillas del Sena “siempre pienso en ti, fúgate conmigo. 

martes, 12 de agosto de 2014

PESE A LA LLUVIA, PESE A LAS LÁGRIMAS

Ella era una chica del montón. De las que no llaman la atención ni pasan desapercibidas. Ni muy alta  ni muy baja, con unos ojos marrones corrientes. Llevaba una vida sin sobresaltos con una familia normal, un perro corriente y estudiaba en la universidad de su ciudad de siempre.
Pero ella no era como los demás. Y lo sabía. Había algo en su interior que no estaba bien, que no encajaba con el resto de las piezas. Algo suelto, fuera de lugar, descolocado. Como cuando mezclas dos puzles y ya no sabes a cuál de ellos corresponde cada pieza, y quedan huecos sin completar en el tablero.
Notaba que algo no iba bien porque no era capaz de sentir nada. No sentía alegría, ni amor, ni siquiera experimentaba alguna emoción. Sólo lloraba. Lloraba mares de lágrimas saladas que se escurrían por sus mejillas y empapaban sus vaqueros al caer. Y últimamente era lo único que ella hacía, lo único que la hacía sentir verdaderamente humana.
Pasó el tiempo, y empezó a preguntarse qué le ocurría. Por qué no era capaz de sentir nada por nadie, ni tan siquiera odio. Por qué nadie conseguía despertar en ella un simple interés, ni imaginaba finales felices en su cabeza.
¿Qué le había ocurrido?
Pasaron los meses y ella sólo lloraba. Ríos, océanos de lágrimas. Sus ojos enrojecidos ya eran un ritual y no le resultaban extraños en su reflejo. Por fin, cansada de esa tristeza y ese vacío decidió visitar un médico.
Le hicieron pruebas, test y cuando fueron a sacarle sangre algo inesperado ocurrió: su sangre era transparente.
Los médicos no sabían a que se debía aquello. Sacaron más muestras de sangre y todas era iguales. Incoloras. Era agua.
Aquello revoluciono a todo el equipo médico, porque era totalmente imposible que alguien sobreviviera con agua salada en su organismo en lugar del torrente sanguíneo. No era posible. No había explicación.
Ella se pasó muchos meses en aquel hospital, como una rara avis científica. Sin parar de llorar y consumiéndose poco a poco. Sus órganos vitales se fueron convirtiendo en agua, inutilizándose con el paso del tiempo.


Una mañana, cuando el sol empezaba a entrar por la ventana, ella no se encontraba en su habitación, la enfermera dio la voz de alarma, la buscaron por todas partes, en cada rincón, al atardecer empezó a caer una fina lluvia sobre la ciudad. Al principio nadie noto nada extraño, pero luego se percataron de que el agua estaba salada…como las lágrimas.  Todo el mundo lleno de perplejidad probaba el sabor de esa lluvia salada e inmediatamente sentía una felicidad indescriptible, como si de repente sus problemas se esfumasen.
Llovió durante dos días, y durante ese tiempo, en aquella pequeña ciudad, sus habitantes se dieron cuenta de que la felicidad no se encuentra sino que se siente y que a veces tiene que ocurrir algo diferente para descubrirlo.

De aquella chica nunca más se supo, pero su tristeza se esfumo mucho antes de evaporarse con la lluvia, pero eso  ya es otra historia.

miércoles, 23 de julio de 2014

DONDE EMPIEZA EL INFINITO

Escribo sentada en el puerto mientras mi helado se derrite.Las gaviotas sobrevuelan la orilla.El sol se resiste a abandonar el cielo.La soledad es una libreta llena de garabatos y el mar baila contra las rocas cuando nadie lo mira.
Volver a casa con el mar en la piel y restos de sueños en los ojos.Caminar despacio y pararme a hablar con algún gato, y contarle que algunos días olvido de que color es el cielo y por eso tengo que ver el mar, para ver en que punto exacto se corta el cielo y el mar. Ese azul extraño, intenso, que me llena de vida. El gato me sonríe( porque sí, hay gatos que sonríen), asimila y mueve la cola.Entiende todo lo que pasa por mis ojos.




A veces necesito llenar mi moleskine de vida, con atardeceres de colores de días especiales.Días que se marcan a fuego en el calendario y en el corazón.
Necesito tumbarme en la hierba y ver pasar la vida por encima de mi mirada silenciosa.Perderme en la lectura de algún libro interesante que me enseñe que podemos aprender a nadar solamente con cuatro cubos de agua.El olor a pura vida cuando te zambulles en el mar y una ola te atrapa.
Gastar la soledad hasta encontrarme contigo sonriendo.Al otro lado del puerto.Me dices que llevas 2 horas mirando como escribo, perdiendo la vista en el helado que se derrite, y que no queda nada más que un batido de letras, gatos, azul cielo y una mirada que no quiere apagarse nunca, que te dice: Quédate conmigo, y atrévete a memorizar donde se cortan el cielo y el mar, allí donde empieza el infinito. A mí lado.
https://www.youtube.com/watch?v=nV50lmpVk1E

lunes, 7 de julio de 2014

LA CHICA QUE CONTABA LUNARES COMO SI FUERAN ESTRELLAS

¿Sabes una cosa?tengo lunares nuevos.Muchos.Habrá sido el sol de este recién estrenado verano o mi piel que se hace mayor.Tengo muchos lunares nuevos a los que tienes que ponerles nombre, y dejarles besos y contarlos mientras yo me aguanto las cosquillas que me hacen tus dedos por mi brazo, espalda....
El resto siguen ahí, donde los dejaste, echándote de menos y preguntándose cuándo volverá la chica que los unía formando constelaciones, que los contaba como si fueran estrellas.

         

    https://www.youtube.com/watch?v=QTLPAPCdgP4

miércoles, 2 de julio de 2014

LA VIDA ESTA PARA SENTIRLA

¿Alguna vez habéis escuchado una canción que os ha provocado una sensación indescriptible?. Hoy me ha pasado a mí. Y me he puesto a escribir con la música de fondo y cuando he querido darme cuenta había rellenado muchas más líneas de las que esperaba. Voy a dejar la música. Si queréis ponerla de fondo mientras leéis la entrada tal vez podáis sentir lo que yo he sentido. Tal vez...
Por cierto, el video lo he buscado después de escribirlo todo. Por un momento prometo que me he quedado helada al ver el principio del vídeo...si leéis y lo veis tal vez entendáis el por qué.




La vida no era fácil. Y ella se limitaba a sentarse en el alféizar de su ventana mientras la gente, apresurada, abarrotaba las calles. Tan gélidas, tan llenas y tan vacías de esa vida que hacía tanto ruido a su alrededor y que ella no parecía vivir. Las luces cegadoras, las estrellas fugaces. Y después ese círculo amarillo en sus retinas al cerrar los ojos. 
La vida nunca fue un paseo, no es algo a lo viene a divertirse. La vida es un campo de batalla. Una lucha diaria, constante. Y que probablemente termine venciéndonos mientras nos limitamos a desaparecer de la faz de la tierra. Y sí, nos recordarán las siguientes generaciones. Nuestros hijos, nuestros nietos. Tal vez nuestros bisnietos sepan cómo nos llamábamos. Y puede que esas palabras perdidas, esas fotos olvidadas, esos actos, logros que tanto nos ha costado conseguir, se pierdan en el recuerdo de lo que fuimos una vez y nunca más seremos. 
La existencia es fugaz, efímera. Venir para irse. Despertarnos cada día sabiendo que será un día menos de nuestra vida. Horas que no volverán, minutos, segundos que se pierden. Que se gastan como se gastan los neumáticos de un coche en la carretera en verano. Y mientras ella  llora, le asaltan un sinfín de sentimientos. Recuerdos que nunca se han vivido. Ideas, imágenes que tal vez habría deseado convertir en realidad. Todas bajo la luz del atardecer de Julio. Esa luz que solía disfrutar con sus amigas, sentada en el bordillo de cualquier piscina. Ahora le parece que eso sucedió hace siglos y que aquellos fueron los mejores días que vivió. Echaba de menos esos días de sol y de risa. De pensar que eran lo más importante. El ombligo, la esencia de la vida. Que eran las que cambiarían el mundo y que todo se rendiría a sus pies. 
Hacerse mayor era simplemente continuar subidos en ese coche al que poco a poco íbamos desgastando las ruedas. Sobre el asfalto ardiente de esas mismas tardes de verano. Llevando el pelo suelto, una canción a todo volumen, gritando mientras sonaba en la radio. Llevando unas gafas de sol, una camisa ancha y una bolsa con lo justo y necesario para no volver en un par de días. Gritando esa letra con sus amigas de toda la vida, sentir que las unía  algo más allá de ese momento. Ese momento que ella deseaba capturar  para siempre. Abriendo los brazos y notando como el aire levantaba su camisa, su pelo y su sonrisa. Y en ese momento no pudo sentir más felicidad porque no creía  que hubiese otro momento que equiparase esa sensación de plenitud. De libertad.
Parar  el coche en cualquier recoveco de una carretera, al filo de una montaña. Y ver como se pone el sol mientras bebía las últimas gotas de una botella de cerveza. Y nota como sus hombros chocan con los de esas personas que la han visto crecer a su lado. Que han compartido con ella aventuras y secretos. Que han llorado y  reído en cada momento. Las mira y mira como el sol se esconde tras la montaña. Y es capaz de sentir como la vida puede respirarse. Como puede tocarse. Como en ese preciso instante en el que empieza a notarse la brisa de las noches de verano pararía el tiempo. Y no se haría mayor. Quedarse ahí, congelar ese instante de felicidad sabiendo que no hay que volver a sufrir, ni a llorar. 
El sol termina por esconderse. Esa es la mejor hora de las tardes de verano. Esa luz, esa paz. Siempre le encantó esa luz y lo que le hacía sentir. Querría parar el tiempo en ese instante y no volver. Quedarse allí para siempre. Y no pensar en que un día no sería recordada por nadie. No pensar en que la vida se encargaría de borrar sus huellas. En aquel instante ella sentía que su huella era imborrable. Sentía la vida fluir en sus venas. En aquel alféizar de aquella ventana, de aquella casa en aquella abarrotada ciudad donde  ella sonreía. 















jueves, 12 de junio de 2014

EL DÍA DE ALGO ASÍ

De repente, algo así. Como quien espera que alguien baje de un tren y visualiza la llegada minutos antes. El instante tiene mil versiones distintas y en la espera se multiplican las posibilidades automáticamente. Y sientes que en parte depende del recorrido previo que hiciste hasta llegar a esa hora y a esa estación.




 Trayecto de años, de días pequeños. El día que te caíste del columpio; el día que ganaste el premio de la clase; el día que tomaste el sol sobre la hierba; el día que te picó una araña; el día que levantaste la persiana y amabas una ciudad –y un puente; el día que sujetaste una puerta con la mano, cuidadosamente, para abrirla.

miércoles, 4 de junio de 2014

YA HUELE A VERANO…

                         .... las tiendas de helados tienen cola en la puerta, y por las noches, las terrazas se llenan de gente. Hoy, en la calle, me quedé mirando al cielo, pensando que esta estación siempre fue una de mis favoritas, de esas que se llenan de recuerdos, de viajes y de fotos.
Me encanta Junio,podemos besar, tocar e imaginar el verano.





Las niñas y los niños ya van en manga corta, y gritan en el patio, enloquecidos, persiguiendo sus sombras.

Los estudiantes con sus carpetas,mochilas y horarios imposibles, apuran los días en un mes lleno de exámenes y locura..
De momento disfruto del preludio de lo que está por llegar y me escapo a pasear lejos de la ciudad, veo acabar el día, pego post it de vez en cuando y mil historias inundan mi cabeza, a veces estos paseos solitarios, han sido el germen de muchos de los textos, neurosis y reflexiones que han terminado aquí...



La vida es como montar en bicicleta. Para mantener el equilibro hay que seguir pedaleando


miércoles, 30 de abril de 2014

FAROLAS

Hoy no se apagaron las luces de las farolas. Tan siquiera el sol que brillaba podía hacer que su luz dejara de guiarnos en la sombra. Y yo, que estaba allí frente a todo un mar de dudas, supe, que no siempre se pueden apagar las cosas de repente. A veces es necesario alejarse poco a poco, y así, lentamente, dejarás de sentir la luz que antes te guiaba en la oscuridad.




Ya no está, ya se ha ido. Son las 2 de la tarde y se apagaron las luces que no debían estar encendidas. Cuesta imaginarlo, pero sí, aún estaban encendidas, pero ya no. El sol brilla y no importa nada más. Me doy la vuelta por donde he venido, a sabiendas de que igual me hubiese gustado seguir ese camino. Quién sabe, quién no lo sabe.


Sigo dejando post it por ahí,ahora siempre llevo algunos en mi bolsillo.



lunes, 21 de abril de 2014

OLVIDAR

Se me ha olvidado escribir. Se me ha olvidado contar. He dejado de venir de aquí para allá con mi cabeza y mis idas y venidas. Lo más importante quizás, es que he dejado de bosquejar entrelineas todas aquellas cosas que era incapaz de decir con palabras, de gestualizar con las manos o de transcribir con una mirada.

sábado, 22 de marzo de 2014

PSEUDOINVIERNO

Nunca supo muy bien por qué ella era diferente al resto de las personas. Nunca entendió por qué a todos les resultaba tan fácil sonreír, confiar, amar. Pero sabía que ella era distinta, y que su cuerpo no respondía a los mismos estímulos ni vibraba en la misma frecuencia que el resto de los mortales.

Ella siempre tenía las manos calientes, aunque hiciera tanto frío que pudieran helarse hasta los pensamientos; tal vez fuera la sangre que le faltaba a su corazón. Porque ella era fría como esos días de invierno grises y lluviosos, esos en  los que el  agua  se escurría entre el hielo. Pero sus manos sin embargo no, y eso la camuflaba entre el resto de las personas de corazones cálidos.


Recordaba haber sido así, como ellos. Recordaba haber sonreído, haber confiado y haber amado. Pero era un recuerdo lejano y borroso. Doloroso como los flashback que te golpean al recordar una decepción, una ilusión convertida en desengaño  o unas palabras que se llevó el viento.

Pero un día se despertó, hacía sol, camino durante una hora en silencio mientras se le calentaban las mejillas y en ese momento dejo de sentirse fría.


Canción para Ana,por estar siempre ahí, haya una luna en el cielo o no :D

lunes, 3 de marzo de 2014

TU PERFUME

Hace ya unos días, creo que empezó la semana pasada, que mi propio perfume me recuerda a ti. No sé de qué  fenómeno se trata, pero cada mañana, cuando me visto, mi perfume está más cerca del tuyo.

 Aún recuerdo aquella mañana, aquella del autobús semivacío, en el que  fuimos en busca de tu olor y del mío. ¿Te acuerdas? Ya nos los sabíamos de memoria, por eso ya podíamos encontrarlos, y decidimos que los reconoceríamos en cuanto los tuviéramos en frente de nuestras narices. A mí, sabes que me encanta asociar los olores con las personas y tengo la necesidad casi física de intentar retenerlo de alguna manera conmigo, para rescatarlo de cuando en cuando, como ahora.



Bueno, como decía, ese día entramos en la casa de los perfumes y me los hiciste probar todos. Éste, aquél, el otro... Primero encontramos tu perfume de los días especiales, aunque como yo sólo te veía  en los días normales, para mí esos eran los especiales.

Nos dimos cuenta de que no era lo mismo poner perfume en la tira de papel que ponerlo en la piel, porque en el papel aún no era nuestro perfume, en el papel era un perfume cualquiera. Cuando encontramos el tuyo, el de los días normales, te dije "¿Es éste?" y tú me respondiste "Claro, ¿ no lo reconoces?" y yo pensé que no, que no podía ser ese. Aquel papel no olía a cama recién hecha. Después encontramos el mío y yo te pregunté "¿Yo huelo así?" y me dijiste "No, no exactamente así, en ti es mucho mejor" y te acercaste y me oliste el cuello. Y yo, como estaba muy obsesionada con todo esto de tu perfume -¿no se nota?- te pregunté "¿Tú también piensas en ello? y me dijiste "Claro, yo también". Sonreías y me mirabas a los ojos. Me sonreías como en la oscuridad, mientras yo te decía "¿Has visto? Soy yo y estoy contigo"

Los perfumes en el papel, son como los recuerdos escritos, se parecen, pero no son exactamente lo mismo.


domingo, 9 de febrero de 2014

ESE DÍA…

...hacía frio, pero a mí me daba igual. No era ni verano, ni tampoco primavera. Las estaciones se habían aliado de tal manera, que el sol tras los cristales me calmaba. Sin embargo al tocar la ventana con la yema de mis dedos, podía sentir que el invierno se acercaba. Lentamente. Los viajes en autobús suelen ser cálidos y calmados. Hallo una perfecta sintonía entre el asiento y el cristal. Me recuesto y enseguida encuentro el sueño. Aquel día, no pude dormir. Entre otras cosas tuve que lidiar con una pasajera algo habladora. En su intento de halagarme, me dijo que parecía que tenía 15años, como el amor de juventud. Continuó explicándome que me parecía a la ex novia de su hijo, Cristina, una chica habladora y algo artista. Me sorprenden las comparaciones, son tan subjetivas como sorprendentes. Y aunque a veces suenan disparatadas, siempre hay un punto de conexión que no sabes bien si lo has buscado adrede, o es que realmente existe como tal. Al llegar a la estación sentí una especie de alivio, aunque aun me quedaba por explicarle las dichosas líneas de metro que nunca me aprendo. Un lío de colores en torno a paradas de Madrid. Me preguntó mil veces, se lo repetí, y aún así, la acompañé. Soy tan así que a veces no sé muy bien como desentenderme. Corrí con la maleta. Tenía razón, hacía frío. Pero más bien era una sensación. Me encaminé, me miraba los pies, y en una sala rodeada de gente, vi mil caras pasar. Una tras otra. No reconocía ninguna. Y me sentía demasiado pequeña. Me apartaba, me giraba. Me coloqué en un rincón. Volví al pasillo, retrocedí. Pensé que quizás, por una vez en mi vida, había llegado antes de tiempo. Esperé, y entre titubeos saqué el móvil. Lo miro, lo cojo, lo guardo y lo vuelvo a mirar. Me llega un mensaje,” Ya te veo... “  Y ese día hacía frío, pero a mí me daba igual.

http://www.youtube.com/watch?v=FcVodHiCp_c

sábado, 1 de febrero de 2014

UNA CARTA

Las cartas son un vínculo que compartes con alguien más. Hay cartas y cartas. Muchas las escribes y no las llegas a enviar, no sabes bien porqué. Siempre he creído que cuando escribes algo, por muy personal que sea, en el fondo, sientes la necesidad innata de que ese algo es para alguien. Que, aunque reprimas entre vergüenzas y sentimiento de lo que para uno es propio, quieres que sea leído.
A veces, bueno, demasiadas veces, se escribe aquellas cosas que un día no supiste decir. Todo lo que se te pasa por la cabeza en forma de imágenes y escenas perfectas donde te acompaña el don de la palabra. Pero simplemente son sueños que no puedes recrear en la realidad, y nos hace abstraernos.
Una dirección y un remite. Un sello, unas cuantas cosas, y una letra curvada hacia la derecha, con las líneas torcidas hacia arriba, porque escribir es imaginar, e imaginar es poner una cara a ese sueño.





Con los cambios de lugar, y antes de meterme en las nuevas tecnologías, me pasé años y años escribiendo cartas a mis amigos. Era un vínculo mucho más cercano que recibir un toque o un sms al móvil. Más cercano que una llamada y más distante que pasar una tarde en un césped, pero me estimulaba.
Ha pasado bastante tiempo y aun sigo escribiendo alguna carta de vez en cuando. Releo las antiguas y me doy cuenta de que las cosas cambian, lo que se escribe, lo que no se escribe, lo que se quiere decir y lo que al final no se dice. Te reprochas por mandar una carta que no tuviste que mandar, y esperas algún día mandar otra.

Y a ti, si te escribiera una carta te diría que hoy ha nevado aquí y no fue lo mismo sin ti, me doy cuenta de que el frío que siento no se debe al clima.

sábado, 18 de enero de 2014

NOT FOUND

Ella le habló como si de una amiga de toda la vida se tratase. Sin querer decir nada, la verdad es que dijo todo, con titubeos y algún que otro despiste, en el que acabas enlazando palabras y temas sin llegar a ningún lugar. Sabía que las cosas fueron tristes entre ambas, que aunque nunca dijese nada se había pasado los últimos meses pensando en algo que sabía bien que nunca ocurriría. No sé, pero tenía esa pequeña ilusión entre el camino que la separaba todas las mañanas de clase, de poder llevar a la realidad esa conversación que se escondía bajo una canción que sonaba en su mp3. Cambiaba la sintonía, y con ella cambiaba la secuencia. Transcurría otra acción, un lugar distinto donde volver a encontrarse y soñar, que todo volvía a ser lo que meses atrás fue.
No sabía cómo ni por qué se sentía así. El tiempo había pasado, pero aun seguía sintiendo ese viejo sentimiento  que te impide olvidar algo o alguien. La verdad es que siempre se sentía sola, quizás hasta incomprendida.
A pesar de que intentaba disfrazar con indiferencia y algún toque de odio superficial aquella vieja relación, lo cierto es que no podía evitar pensar cómo hubiesen sido las cosas si en lugar de jugar al despiste se hubiese dejado ver un poco más.
A ella le preocupaban tantas cosas que aunque ahora las contase no podría llegar a saber si la mitad son ciertas o no. Y mientras la miraba a los ojos, sabía perfectamente que aquel desliz mental nunca se produciría.


domingo, 12 de enero de 2014

CAÓTICA

Soy muy hacer planes mentales, no reales. Me dan miedo los planes reales. Tiendo a imaginar complicaciones inexistentes, problemas irresolubles, y catástrofes inesperadas. Siempre termino lo que empiezo, ya sea un texto, ponerme a limpiar patológicamente el polvo de mi habitación moviendo muebles y colocando la estantería. Y las relaciones; las empiezo, y las termino. Soy extremadamente ordenada y extremadamente desordenada. No existe un término medio para mí. Por eso intento mantener el orden de mis cosas intacto, porque el simple hecho de dejar una noche la ropa fuera del armario ya provoca una reacción en cadena con el resto de los objetos que me rodean llegando a un punto caótico en el que me da igual vivir sumida en la desesperación absoluta. Me encanta la comida sana, odio el chocolate, las cervezas en buena compañía y que haya sol a las nueve de la noche. No me gusta el viento, ni el anís, ni que me toquen los pies. Adoro el invierno, porque me encanta abrigarme, pero lo odio por lo que me hace sentir. Madrugar es lo que más me cuesta en el mundo, y no soporto pensar en lo que tengo que ponerme a la mañana siguiente, pero soy incapaz de irme a la cama sin haberlo preparado. Siempre fui más de no dormir que de llorar pero, últimamente lloro con las películas tristes y alegres, con canciones, libros, y he llegado a llorar con un olor. Sin embargo muy pocas personas me han visto llorar. Llorar de verdad, de esas veces que se te derrama el alma por las mejillas. Adoro estar metida en la cama, despertarme y saber que no tengo que levantarme, y acostarme sabiendo que puedo estar un rato sin tener que dormirme. La sensación del pelo mojado en la espalda y el olor del gel al salir de la ducha y meter las manos debajo del agua ardiendo hasta que se ponen rojas. Me encanta cómo huele el café y el olor del pan tostado por las mañanas. Odio que se dejen la tapa del WC levantada y la puerta de mi habitación abierta. Que me metan prisa para ir a algún sitio, y que se fume en los ascensores. No me gustan las personas que se cuelan en las filas, ni las que tratan a los camareros como si fueran esclavos construyendo una pirámide y no me gusta la gente que no saluda en el portal. Me pongo nerviosa si me tocan demasiado cuando me hablan aunque luego yo lo hago constantemente, o tb si se acercan demasiado, o si bajan las escaleras detrás de mí. Mis colores favoritos son el rojo y el verde. Me encantan las películas de autor y todavía sigo pensando que se puede contar mucho con poco. Me encanta leer todo tipo de libros y a veces sueño que escribo el mío. No puedo tener favoritos para la música, pero supongo que Cat power marcó un antes y un después en mi vida. Yo soy de esas que  no sonríen al conductor del autobús, extremadamente tímida con quien no conoce, que le cuesta coger confianza, de las que deja salir antes de entrar y se queda de pie en el autobús porque sabe que en la siguiente parada se suben muchas personas mayores. Me cuesta un mundo acercarme a alguien cuando llora, y parece que no me importa cuando es todo lo contrario. A veces parece que soy demasiado dura pero la realidad es que me escudo ahí para no admitir que no tengo soluciones para todo tal y como me gustaría. Porque he aprendido que no puedo conseguir todo lo que quiero, ni tengo respuestas para todas las preguntas, y que a veces hay que ceder y aceptar que se ha perdido o que simplemente hay cosas imposibles de ganar. Nunca me deshice de mi caparazón. Es un sitio bastante bueno para vivir. Supongo que la última vez que salí de él me hice tanto daño, que siento que es más seguro si me quedo ahí. Puede llamarse cobardía, sí. Alguien me dijo una vez que era una cobarde y una egoísta y puede que llevara razón. Puede que realmente sea de hielo por dentro. Supongo que mis sentimientos fluyen a través de mis canciones, y no a través de mí. Puede que se me de mejor estar triste que ser feliz. Supongo que me da miedo no ser capaz de recomponerme si me rompo de nuevo, supongo que me da miedo romper a alguien de nuevo. Supongo que así soy yo. Puede que me aferre a las cosas que no puedo tener y huya de las cosas que por el contrario tengo.

O puede que esté equivocada respecto a todo esto.

Ya ni siquiera lo sé.

lunes, 23 de diciembre de 2013

2013

Ha sido el año en el que más he viajado (País vasco, Asturias, Portugal, Extremadura…), el año en el que amé más, un año lleno de dolores tanto físicos como emocionales y lleno de la felicidad más pura, ha sido el año de la locura del interrail por Portugal, el de recuperar amistades y hacer nuevas, el que más kilómetros recorrí y dormí en más hoteles.
Ha sido el año en el que escribí más, fotografié más, el año en el que me regalaron un moleskine y empecé a escribir a mano en cualquier sitio….
Cada día he despedido un poco más este año que ha valido por cuatro. Cada estación ha sido un año entero. 

2013 me enseñó
-Que hay muchos yellows brick roads para llegar al mismo castillo esmeralda
-Que la vida es corta pero ancha, caben muchas cosas.
-La caipiroska y sus efectos.
-Que me encanta viajar con una mochila y pocos planes.
-Seguridad.
-Que echar de menos a alguien puede ser perjudicial para la salud.
-Que puedo sentirme como una enana jugando con mi sobrino.
- Que quien aparezca en tu vida y se quede, perfecto, y quien no quiera quedarse, pues que no se quede y punto, no pasa nada.


jueves, 19 de diciembre de 2013

DESDE EL ESTÓMAGO

Yo no sé qué explicación darme. Las historias hierven sobre mi cabeza, salen de mi boca, se agitan en la garganta. Llevo el estómago lleno de palabras, tantas palabras llevo conmigo que tienen que salir de alguna forma.
Rara vez tomo alcohol, así de sosa soy, o será que nunca me ha gustado ser dependiente de nada. Pero voy borracha de historias, de frases, de ingeniosos relatos.
Yo escribo para equilibrar mis ideas, escribo para encontrarme ahí dentro, como espectadora o como la directora que ejecuta las acciones.
Escribo desde hace años, muchos años, pero he notado que en este último año, mi forma de redactar relatos es distinta, más original, más intensa, más compleja, más madura?? No sé. Supongo que he quitado los cerrojos y ahora digo lo que quiero, escribo como quiero y libero mis palabras como me apetece.

Escribir me apacigua, me medica, me llena de luciérnagas la casa.