miércoles, 18 de junio de 2014

SÉ ALGUNAS COSAS

Sabría describir con total exactitud, el sentimiento que viene antes de un romper a llorar en dos. Lo podría palpar de la misma manera que enciendo la luz de mi cuarto en plena oscuridad. Sin dudas, sin titubeos. Directa y decidida de algo que sabes a pies juntillas. Y no, yo no soy de las que lloran por todo y más.
Podría contar con los dedos de una mano el número de veces que he llorado por algo que explota dentro de mí. Los mismos dedos que guardo con fotografías impresas de esas personas que me partirían en dos el día que decidieran no estar aquí. Vivir tan lejos y sentirnos tan cerca. Como los recuerdos que pisas pasado un tiempo y parece que siguen ahí, manchando las baldosas, pegados a tus zapatillas, enmudeciendo tu piel por un segundo…mojando tus ojos sin saber muy bien porqué.
Sí, creo que no hay peor sensación que saber que estás a punto de romper a llorar, sobre todo cuando una no es fiel asidua a ello. Como llevar zapatos nuevos que te rozan el talón. Nunca terminas de acostumbrarte. Nunca paras de decirte un “no” resonante en el preciso instante antes de desplomar tus sentidos.
En mis mejillas suena a un antes de despedida. Como saber que algo no va a pasar y querer que ocurra. No me gustaría tener que volver a despedirme de nadie nunca más. Porque…sencillamente mi contador llorica está empezando a marcarse demasiado los últimos meses, y me siento tan estúpida...supongo que es porque odio que me vean llorar, con los sentimientos a flor de piel y totalmente vulnerable, por eso cuando llega el momento huyo. Porque prefiero sonreírte mil veces en directo y que me escuches carcajearme  en silencio, con un abrazo. De los que llenan una sala de cine. De esos besos en la frente que saben a un te echo de menos.Y porque decir hasta luego suena mejor que un adiós.



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