Es extraño sentir que un día
así no puede ser un día así. Y siempre comienzo las cosas sin saber qué es lo
que voy a contar, porque no hay nada más difícil que decir un como me siento.
¿Cómo me siento? Triste pero
aliviada.
Empezó el curso y con él
volví a Salamanca a vivir con Cris. La casa siempre estaba llena de risas y sueños, y planes y
proyectos. Creía que a pesar de lo que me rodeaba saltaría por encima y
conseguiría salirme de la norma, como he hecho otras tantas veces…
Los primeros días fueron lentos,
y el otoño retrasó su avance. Luego retomó su pulso y cada vez el sábado
llegaba antes y con él un día repleto de sonrisas y absurdeces, que a mí por lo menos,
me alegraban la noche.
Los finales me recuerdan a los principios. Aquellos
en los que no esperas que se acaben. Y donde el ridículo cobra sentido porque
tú te ríes, yo me rio, y el resto nos da igual. Hay relaciones que se suben al caballito de la vergüenza y olvidan que el mundo es mundo por un día, y que los
demás.....los demás son extraños que alimentan nuestro sentido del humor
Ahora, con o sin querer ha
llegado un hasta luego. Y sentir la sensación inversa a verte de nuevo, me pone
triste, y aunque no puedo decirlo, ni lo diré, lloro en silencio, y me
emociono, y siento todo y más.
¿Aliviada por qué? Aliviada
porque sé cómo eres, y sé como soy. Y sé que esa compenetración extraña que no
nos fuerza a llamarnos pero tampoco a olvidarnos, hará que me acuerde de ti y
te escriba una chorrada con sabor a abrazo paticoso cada vez que recuerde cada
tontería que ha pasado por mis ojos.
No sé, es sencillo, pero un te quiero con un poco de
echarte de menos sabe a final de otoño…. Así que prefiero decirte, que nos vemos neni.

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