Cuando llega el momento y me despido de alguien a quien
quiero; y ya nos hemos dado dos besos; y ya llega el tren o el autobús o con lo
que sea que se marche (también puede ser andando); y ya definitivamente sí, ya
se va, adiós, ciao, venga... A menudo juego a seguirle la espalda con la mirada
para ver si se da la vuelta y me mira por última vez. Si lo hace, me
quiere. Si no lo hace, a veces pienso que también me quiere.

Llega tarde el 28 y nerviosa miro el reloj. La lluvia conmigo empiza un dia de pleno sol. A lo mejor aparece el recuerdo de un amor, no me ve, camina ausente, hace mucho que pasó.
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