Algo en tus profundos ojos marrones me decía que no era tan malo como
parecía.
Tus brazos se convirtieron en uno de mis lugares favoritos de este mundo,
en una lista encabezada por una de las sonrisas más cálidas que jamás había
visto.
Nunca podré decir si fue una opción el hecho de dejarse llevar, no luchar
contra la corriente, dejar que ocurriese lo que debía ocurrir.
Porque nada era seguro, pero valía la pena dejarse conducir.
Cuando intentas arrepentirte de lo ocurrido es como desear no
haber descubierto nunca que un sentimiento puede ser tan intenso.
Estábamos ahí, a la suficiente distancia para no tocarnos, para no poder
saber en qué pensaba la otra.
Era inspirador. La visión perfecta de la curva de tu vientre desnudo, tus
manos acariciando mi espalda y tus labios a dos latidos de distancia de los
míos.
Me pregunté si realmente iba a ser siempre así. Si todo iba a permanecer
intacto cuando volviese. Si cuando parpadease desaparecerías, o si con la
llegada del invierno se congelarían los sentimientos, y tus ojos, o los míos,
se volverían fríos.
¿Sabes? Con el tiempo he llegado a darme cuenta de lo importante que has
sido en mi vida.
Tal vez porque te has convertido en el color verde de mi vida (si
tuviese que verte en un color determinado, sabes que sería en ese)
Este post está desordenado.

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