Ella le habló como si
de una amiga de toda la vida se tratase. Sin querer decir nada, la verdad es
que dijo todo, con titubeos y algún que otro despiste, en el que acabas
enlazando palabras y temas sin llegar a ningún lugar. Sabía que las cosas
fueron tristes entre ambas, que aunque nunca dijese nada se había pasado los
últimos meses pensando en algo que sabía bien que nunca ocurriría. No sé, pero
tenía esa pequeña ilusión entre el camino que la separaba todas las mañanas de
clase, de poder llevar a la realidad esa conversación que se escondía bajo una
canción que sonaba en su mp3. Cambiaba la sintonía, y con ella cambiaba la
secuencia. Transcurría otra acción, un lugar distinto donde volver a
encontrarse y soñar, que todo volvía a ser lo que meses atrás fue.
No sabía cómo ni por qué
se sentía así. El tiempo había pasado, pero aun seguía sintiendo ese viejo sentimiento
que te impide olvidar algo o alguien. La
verdad es que siempre se sentía sola, quizás hasta incomprendida.
A pesar de que intentaba
disfrazar con indiferencia y algún toque de odio superficial aquella vieja
relación, lo cierto es que no podía evitar pensar cómo hubiesen sido las cosas
si en lugar de jugar al despiste se hubiese dejado ver un poco más.
A ella le preocupaban
tantas cosas que aunque ahora las contase no podría llegar a saber si la mitad
son ciertas o no. Y mientras la miraba a los ojos, sabía perfectamente que
aquel desliz mental nunca se produciría.

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