lunes, 7 de octubre de 2013

ME QUIERO

Apunto en papel, escribo a bolígrafo, y pego con fuerza en la pared de color blanco, a la mesa del escritorio, la mesilla, e incluso la puerta de mi habitación. Pego constantemente el hacer y deshacer de cada día, los mensajes que no llegan, algo por comprar y que nunca compré. Despego lo hecho y mantengo lo deshecho. Desde que enumero mi vida como una lista de la compra he dejado de ser tan caótica, algo más de organizada.
Mis post-it también se quitan y se ponen. E incluso se caen al suelo. Ahora mismo, sin ir más lejos, alzo la vista y tengo; una dirección con remitente en Frankfurt, un folklore con letras rojas mayúsculas y un número de teléfono que no sé muy bien que hace ahí o de quién es.
Me recuerdo que recuerde casi todo, y todo a veces es nada, y otras es demasiado. Pero hasta lo más sencillo se me acaba pasando, y los apuntes rotatorios, rotan, saltan y vuelan de un bolsillo a otro, de un vestido a un pantalón. Es gracioso, o curioso, o al menos a mí me hace gracia, sentarme a tomar algo, notar un barullo de papeles en el bolsillo y descubrir entre uno de ellos "escríbele o pensará que no la quieres". Parece una visión a lo memento, ajustada con una voz en off que se calca en forma de letra ilegible.
Me consuela saber que me tengo a mí, y a mi quisquillosa manía para poner un poco de orden en mí día a día.
 Y es que yo me quiero por dentro y por fuera.
 Me quiero a pesar de haberme traicionado, de no contar conmigo la mitad de las veces. A pesar de mi propio distanciamiento y pasar un poco de mi propio culo. 
Me quiero y me convenzo de que todo está perfecto, y me sonrío por las mañanas ante el espejo. Sí, a pesar de todo, lo cierto es que me quiero. 

Me quiero aunque  nunca regale flores. Me quiero a pesar de esa manía imperiosa de soltar tonterías y ocurrencias cuando estoy nerviosa, si no me he desquiciado a pesar de eso, no creo que una tempestad me dé la vuelta. 

Me quiero con vestido, con falta y con leggins. Sí, con pantalón corto y con pijamas los domingos. Me quiero mucho los domingos, con mis brotes de autismo, con mis torturas de lenguaje, y mis torpezas de diálogo. Me quiero con mi orgullo, con mis manos y pies pequeños, con mi cuerpo diminuto. Demasiado amor me regalo cuando me cuento mis propias historias, cuando escribo algo que no quería escribir, cuando cumplo algo que he dicho. 

Me quiero bien cuando me sabe mal. Me quiero lejos pero me siento cerca, y a pesar de ser malsonante, me quiero por mi amabilidad. Por mis estrechos recovecos. Por entretenerme cuando me aburro. Por eso, por todo y más; me quiero, a mí y a mis mil batiburrillos de palabrerío, cuando las cosas se ponen tensas y algo se tuerce a turbio. Con retraimientos, retorcimientos y espachurramientos ajenos sin sentido. 
Me quiero casi todos los días del año. Especialmente los de entretiempo con fular en cuello. Aquellos que me compro y estreno al instante. Me quiero cuando me confundo, mientras me caigo, y sobre todo, me adoro y me quiero cuando me hostigo por una decepción. 
Sí, me quiero, porque de no ser así, mal empezamos. 





2 comentarios:

  1. Hay que quererse a si mismo cada mañana, aunque cueste, para que cuando te cruces con otros en el pasillo, en el salón, en la calle o en cualquier otro lugar, te puedan querer al menos como tu te quieres.

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  2. te dejo rastro para que veas que ya pasé por aquí con excelente resultado. Quererse con pros y contras, con más y menos y con lleno y vacío, pero quererse reina! Muaka!

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