viernes, 12 de agosto de 2016

Ya sabes el destino, ya sabes los motivos

 Estamos hechos de rutina, nos perdemos en el café de la mañana, nos miramos temerosos en el espejo aún dormidos, esperando algo del día que acaba de comenzar. Compramos pan, café, y nos sentamos a comer solos o acompañados, qué más da. Estamos solos. Navegamos entre los días soñando con una playa de postal…. Por la mañana nos saluda con euforia la camarera de siempre, con un gesto de resignación, mientras nosotros buscamos ese momento de lucidez, de felicidad espontánea que nos dan algunas palabras o la lluvia cuando nos sorprende y está fría y las gotas resbalan por nuestra frente llenándonos de vida. Soñamos con que alguien nos diga: Quédate, pero sólo nos llegan noticias de huidas y los aviones sobrevuelan los tejados.
El verano ya casi ha trascurrido, y parece que estamos llenos de rabia. Odiamos el tiempo que nos va matando lentamente, las noches en las que nadie nos abraza, la taza de café enfriándose, el primer autobús del día. Las veces que luchamos por algo hasta arañarnos por dentro. Y no conseguir nada a cambio. Las personas que en vez de contagiarnos con su luz, van apagando la tuya. Los amaneceres que no son de nadie, y sentirte perdida entre desconocidos.
Sigo soñando con esa huida, con el último atisbo de esperanza, perdiendo la vista en el cielo cada vez que pasa un avión. Porque la vida no es esto, la vida debería ser amarnos cada mañana, beber el café de nuestros labios, abrazarnos en el primer autobús del día, encontrarnos cada noche y bailar por el pasillo, soñar cada noche como si fuera la primera vez.
No pienso dejarte ir. Me niego a olvidar que un día apareciste dándole la vuelta a mí mundo y desde entonces nos movemos por las calles de esta realidad gris.

Huye conmigo, te espero donde siempre. Ya sabes el destino, ya sabes los motivos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario