miércoles, 23 de noviembre de 2016

DE CAÍDAS Y VUELOS

Caemos, como caen todas esas gotas de lluvia por el cristal del autobús, mientras un niño las mira ensimismado. Caemos, y no nos importa, caemos como esa leche que se derrama cuando aún no hemos despertado, inundando la cocina. Y toca limpiar ese desastre. Como las hojas que se despojan del árbol en este otoño, y bailan con el viento en su último baile con la vida. Y pasan a formar parte del suelo, pintándolo de colores, antes de ser pisadas por alguien que nunca mira el suelo. Caemos, y la lluvia nos invita a olvidar las dudas, a agarrarnos al presente, porque no nos queda nada más. Deja que me quede, deja que me vaya, pero no me abandones. Caemos, y mi corazón está dividido entre huir y dejar algo que me da vida, o quedarme y luchar por lo único que me quita la vida. Por un momento me he visto en un parque lejano, frente a un estanque helado, con una libreta vacía y la mirada llena de sueños. Pero no tenía quien me cogiera de la mano. Qué es eso de cumplir los sueños si no tienes con quien hacerlo. Cuánto tenemos que empeñar para conseguir lo que anhelamos (yo que daría todo por hacerte el desayuno cada mañana). Caemos, caemos de la mano, contándonos las tristezas y las miserias y sonriéndonos de vez en cuando. Pero también te he visto coger ese tren, con tu sonrisa tímida y las manos llenas de abrazos. Me gustaría que me hubieses dicho aún podemos frenar la caída.

Y poder escribir: Volamos, volamos como esas hojas que los días de invierno bailan con el viento, como ese pájaro que va de árbol en árbol y a veces canta. Volamos, y a veces el tiempo parece innecesario, las manos se pierden en otras manos y los ojos sonríen. Volamos como esa leche que ha decido salir del cartón y huir de la taza, y se esparce por toda la cocina siendo por fin libre. Como ese jersey colgado en el tendedero del tercer piso, que se ha liberado de las pinzas que lo sujetaban a la vida, pasando a ser de nadie. Me he visto en un parque lejano frente a un estanque helado, con una libreta vacía en las manos. Contigo al lado, cogiéndome de la mano. Diciéndome que siempre volamos, que había confundido la caída con el vuelo. Me gustaría poder escribir(te) esto.

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