Todas las películas hablan de huidas, de dormir en sofás
resquebrajados por el paso del tiempo. Como si los corazones solo volvieran a
latir cuando conocen ciudades nuevas y estuviéramos hechos de olvido y
recuerdos. En esta película sonaba música folk y jazz y un gato curioso
despertaba a un hombre cada mañana. Ese no saber dónde estás, esa huida
constante en la vida, estar perdidos incluso conociendo cada calle y cada presente.
Saber que has pasado por un lugar donde te has besado mil veces y sentir que esa calle suena a
despedida. No sé de quién querría despedirme de un futuro que aún no ha
ocurrido y de todo lo que no he vivido.
Una vez escribí: Si huyo es para no volver, si vienes que
sea para quedarte. Todas las palabras me persiguen y todas las madrugadas juego
a perderme en cualquier novela para evitar pensar. Podía haber tenido un mundo
de recuerdos inventados: el primer beso de la mañana, la primera canción que
suena por la radio y nos devuelve la vida, una carta en el buzón de alguien que
creíamos haber olvidado, la lluvia en la cara al volver a casa sin paraguas… La
vida es un acumulo de momentos que pegamos como un puzzle, intentando encajar
en espacios o con gente y a veces nosotros somos esa pieza que siempre falta y
queda sin completar sobre el tablero.
Pero también hay días de colores, el secreto de los viajes
en el tiempo está en cerrar fuerte los ojos. Odio los trenes y los autobuses.
Cierra los ojos y escucha…qué oyes?

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