Azul cobalto, de ultramar, azul de Prusia, de Alejandría...
La historia del azul es apasionante, ¿sabíais que no es un color fácil de
encontrar en los pigmentos naturales? ¿Y sabrías decirme cuál es el color del
mar? Hace unos días he sentido su fuerza, su sonido, su olor en cada célula de
mi piel, siempre que vuelvo a él, los primeros instantes me deja sin aliento y, como dice Iván, soy como una niña con zapatos nuevos porque una de las cosas que me llenan de
felicidad en esta vida es el mar, sin condiciones.
Esta visita me ha
descubierto playas luminosas, donde los niños juegan en el agua mientras la luz
resbala por sus cuerpos, los rayos de sol reverberan en las olas arrancando al
mar, miles de destellos. Barcos de pescadores regresando a la costa,
atardeceres en una cala escondida, el mar embravecido en San Sebastián... Las olas,
la luz, los colores del mar captados en toda su variedad y movimiento a través de
mí mirada; días lluviosos y soleados, puestas de sol y amaneceres, los matices de
la luz de la costa del norte. Un espectáculo visual que te enreda, llegando a
sentir el olor del mar, la sal en la piel, el sol cegándote los ojos, los
gritos de los niños jugando en la playa, el sonido del viento y de las olas en
los oídos... Y además con esa sensación increíble cuando eres la única persona
en la playa y el deseo de capturar ese momento a través de la retina.. y de mí cámara.
La vuelta ha sido muy frenética y aún no he podido ver el
resultado de esas fotos, pero a veces el resultado no es lo más importante sino
conseguir agarrarte a las sensaciones, porque son las sensaciones las que siempre permanecen.
PD: Gracias Rey moro por acompañarme en este viaje…y a ti
Ana por regalarme tu playa y un trocito de tu tierra.
Esperando me tienes para compartir las fotos de tu cámara y recordar todos los azules que hemos visto.
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