No me gusta prestar libros. Si lo hago, es una muestra de confianza para
con esa persona. O sé, simplemente, que es alguien que trata a los libros con
el mismo cuidado con que lo hago yo. Odio que la gente no me los devuelva o que
lo haga en mal estado: esquinas dobladas, páginas manchadas y arrugadas, lomos
desbocados... Sí, con mis libros soy muy maniática y puntillosa, sobre todo si
me gustan mucho.
Una vez alguien me explicó la historia de una chica que, cuando viajaba,
arrancaba las páginas de los libros a medida que las iba leyendo. Así los libros no
le ocupaban espacio en el equipaje. Lo encontré de un pragmatismo salvaje.
Me encanta leer desde que recuerdo, siempre he sido una lectora voraz, de
leer varios libros al mismo tiempo, porque necesito alimentarme de una mezcla
de historias para poder saciar el hambre de avanzar en ellas. Hay algunos
libros que me han marcado y a los que vuelvo de vez en cuando, para leer unas
páginas, un pasaje, una frase…pero nunca se recupera la sensación de la primera
lectura en la que te sorprendes o contienes la respiración. Recuerdo que me ha
pasado con algunos libros, también con alguna novela gráfica,uno de estos
libros,lo descubrí en un mercadillo y me llamo la atención porque en la portada
estaba Jean Seberg y eso sumado al poema del principio hizo que lo comprara de
forma impulsiva. El libro era Buenos días
tristeza de Fransoise Sagan, y como dato curioso diré que la autora lo escribió
a los 17 años,eso lo supe después cuando tras devorarlo quise saber más de ella.
Curiosamente una de mis citas preferidas de Buenos
días, tristeza aparece en el libro que me estoy leyendo ahora: Qué hacer
cuando en la pantalla aparece THE END, de Paula Bonet. Me
lo compré en la feria del libro, hace unos días y me encanta,sé que va a ser
uno esos libros que me llevo a todas partes porque tengo la necesidad física de
tenerlo cerca.
El libro es una pequeña obra de arte: las ilustraciones de Paula Bonet son
preciosas (me encanta todo lo que hace esta mujer), y sus 40 historias son una
delicia. Incluso la manera de anotar las citas, al final del libro con pequeños
dibujos, es original.
Olerlo, tocarlo, leerlo, observar con deleite sus ilustraciones, es todo un
placer. El libro en sí, ya es un objeto bonito: da gusto verlo, tenerlo en la
estantería o sobre la mesa.
Y sí, evidentemente, este libro NO se lo voy a prestar a -casi- nadie (Cris,
ya sabes que tú eres la excepción que implica ese 'casi').

UÉUÉUÉ! Soy una EXCEPCIÓN! :D :D :D
ResponderEliminarYa lo sabíaaa :P :P :P hahahaha
a mi no :(
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