jueves, 22 de mayo de 2014

MIS LIBROS Y YO



No me gusta prestar libros. Si lo hago, es una muestra de confianza para con esa persona. O sé, simplemente, que es alguien que trata a los libros con el mismo cuidado con que lo hago yo. Odio que la gente no me los devuelva o que lo haga en mal estado: esquinas dobladas, páginas manchadas y arrugadas, lomos desbocados... Sí, con mis libros soy muy maniática y puntillosa, sobre todo si me gustan mucho.

Una vez alguien me explicó la historia de una chica que, cuando viajaba, arrancaba las páginas de los libros a medida que las iba leyendo. Así los libros no le ocupaban espacio en el equipaje. Lo encontré de un pragmatismo salvaje.

Me encanta leer desde que recuerdo, siempre he sido una lectora voraz, de leer varios libros al mismo tiempo, porque necesito alimentarme de una mezcla de historias para poder saciar el hambre de avanzar en ellas. Hay algunos libros que me han marcado y a los que vuelvo de vez en cuando, para leer unas páginas, un pasaje, una frase…pero nunca se recupera la sensación de la primera lectura en la que te sorprendes o contienes la respiración. Recuerdo que me ha pasado con algunos libros, también con alguna novela gráfica,uno de estos libros,lo descubrí en un mercadillo y me llamo la atención porque en la portada estaba Jean Seberg y eso sumado al poema del principio hizo que lo comprara de forma impulsiva. El libro era Buenos días tristeza de Fransoise Sagan, y como dato curioso diré que la autora lo escribió a los 17 años,eso lo supe después cuando tras devorarlo quise saber más de ella.

Curiosamente una de mis citas preferidas de Buenos días, tristeza aparece en el libro que me estoy leyendo ahora: Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END, de Paula Bonet. Me lo compré en la feria del libro, hace unos días y me encanta,sé que va a ser uno esos libros que me llevo a todas partes porque tengo la necesidad física de tenerlo cerca.

El libro es una pequeña obra de arte: las ilustraciones de Paula Bonet son preciosas (me encanta todo lo que hace esta mujer), y sus 40 historias son una delicia. Incluso la manera de anotar las citas, al final del libro con pequeños dibujos, es original.  
Olerlo, tocarlo, leerlo, observar con deleite sus ilustraciones, es todo un placer. El libro en sí, ya es un objeto bonito: da gusto verlo, tenerlo en la estantería o sobre la mesa.
Y sí, evidentemente, este libro NO se lo voy a prestar a -casi- nadie (Cris, ya sabes que tú eres la excepción que implica ese 'casi'). 

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