martes, 12 de noviembre de 2013

INVENTARTE

Hoy estaba sentada en un banco, esperando. La verdad es que no prestaba especial atención a nada, porque hoy estoy cansada, con ganas de meterme en la cama y disfrutarla.
Volvemos a “hoy estaba sentada en un banco”. Me llama la atención que de repente salen de un portal muchísimas personas, muy distintas entre sí. Una joven teñida de rubio casi blanco, un tipo con el pelo larguísimo, una joven tímida y recatada, una madre extranjera a la que le esperaban sus hijas pequeñas, un músico, todos llevaban un carnet colgando del cuello. Miré hacia arriba, interpreté los rótulos de las oficinas encendidas, al parecer salían de un curso o algo parecido, pero eran muchas personas.



De pronto sale una chica, no sé describirla. Pelo por encima de los hombros, falda corta, fuma un cirgarrillo que deja suspendido en sus labios. Destaca entre las demás. Tiene algo que el resto no sabe que tiene. Tras ella aparece otra chica del curso, ambigua, no se conocen, parece que quiera seguirla para decirle algo.
Sus bicicletas están aparcadas en el mismo sitio. Coinciden. Pero la del cigarrillo no mira a nadie a los ojos.  Dos tíos la miran y le dicen alguna grosería en forma de piropo, no acierto a escuchar qué dicen, pero a ella le molesta, a mí también me molestan esa clase de hombres, esos que me dicen alguna gilipollez y creen que me voy a morir de emoción. Ella reacciona como yo reacciono ante esas cosas tan cotidianas, primero frunce un poco el ceño, después rectifica, no los mira, no les dice nada, los ignora.
Coge su bici. La otra también coge su bici.
Se marchan, y cuando alcanzan la esquina más próxima, toman caminos distintos.

Me han dado ganas de pararla, de decirle: tienes pinta de protagonista de un libro, o de una buena película.

No hay comentarios:

Publicar un comentario