Estoy
leyendo un libro que habla de una chica que cada mañana coge el
tren. Podría ser yo, a excepción de que ella bebe siempre un gin
tonic al llegar a casa. Habla de calor, de los desconocidos, de
llenar tu alma con recuerdos de futuros que nunca llegarán. Esta
mañana se me cayó el café en el desayuno, rompiéndose la taza en
mil pedazos, pensé que esa taza era yo y que debía recoger los
trozos con cuidado para poder pegarlo otra vez. Pero también atribuí
lo ocurrido a que a veces mi pulso tiembla, aquello del insomnio y
las ojeras, cuando huyo del tiempo por miedo a que el pasado me
atrape para siempre. Una vez escribí mi futuro y tenía tu nombre.
Ahora mi futuro es un cielo gris. Escribí: “Mi esqueleto es el de
una ciudad en ruinas” y lo taché después. He cometido muchos
errores contigo, creo que el mayor fue cuando decidí rendirme y
callar a partir de entonces lo que creí que no querías escuchar. Si
tomé esa postura de repente fue por probar a hacer las cosas de otra
forma, pensé que eras tú quien debía expresar en ese momento tus
sentimientos. Error. Cada persona es un mundo y cada persona hace las
cosas a su manera. El hecho de que tú lo hagas de una forma no
significa que la persona a la que quieres debe hacerlo igual que tú.
Ahora
viajo sola de nuevo, me pongo muy nerviosa cuando las personas que
viajan a mi lado me rozan, puede que sea un síndrome que te producen
las ciudades, estás tan solo que ya no sabes cómo estar acompañado.
Hace dos años cogí un avión y dos trenes para llegar a una ciudad
en la que llovía y por la que pasee queriendo crear recuerdos solo
para mí. Hoy reeleo una postal de una compañera de viaje en la que
me recuerda que soy valiente. No soy valiente. Nunca lo fui. Una piel
vacía es una piel desierta. Alguien me dijo una vez, que cuando
tienes un dolor muy grande se puede abrir un agujero en el corazón,
pequeño, imperceptible. En ese momento pensé que un libro podría
empezar con esa frase y que de ahí salen las lágrimas, el dolor en
el pecho y las noches de insomnio. Un pequeño agujero. Imagino mis
manos pequeñas con agujeros en el centro por donde resbala el agua (
como una fuente). Hay algo que me mantiene abstraída de este ritmo
incesante ,la voz no llega a mi boca, se queda en el interior. Y lo
más irónico de todo es que ahora que me están saliendo todas las
cosas que yo quería no te tengo a ti para compartirlas, porque en el
fondo sé que no estamos ya en el círculo de ninguna de nosotras.
Pero te diré que no soy una persona que suela hablar demasiado,
hasta que cumplí los 11 no me gustaba hablar, prefería sentarme a
observar o leer. Después me obligué a ser como esas personas
divertidas que siempre tienen la palabra adecuada, aún sigo siendo
esa persona callada, pero me he acostumbrado a desempeñar el papel
de espontánea. Nunca sabrías el océano que hay dentro de mí.
No
sé por qué (te) escribo todo esto, supongo que tenía ganas de
dejarlo por escrito y saber que fui capaz de no callarme esta vez…
Lo que más miedo me da de quedarme sola en el mundo es no tener a
donde ir ni quien te espere. Ser esa desconocida de la ventanilla del
tren que no tiene quien la abrace al llegar a casa, ni quien la mire
deseando quedarse a su lado para siempre.
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