De lo que no vemos nos
solemos creer la mitad. De lo que sentimos apostamos a creer el doble. Por
confianza ciega, por instinto innato. Así es como mantenemos la balanza. A base
de apoyar más o menos en una u otra pierna. Con cada giro inesperado, la cabeza
se da la vuelta y perdemos el equilibrio. Pero nos recomponemos, una vez más, a
costa de quemar polvo o reventar ampollas, de hacernos un poquito más sabios o
al menos eso creemos. Las cosas pesan menos si dejamos de sostenerlas. Pero… es
inevitable querer sostenerlas, hacemos de equilibristas con cada decisión que
no queremos tomar, primero una opción, luego otra, decidimos muchas veces antes
de comprobar si la balanza está equilibrada, pero a veces es justo lo que
necesitamos, un poco de desequilibrio para aprender lo que nos falta.
Quiero mi equilibrio ya, que estoy cansada de tanto desequilibrio...
ResponderEliminarPóngame una de desequilibrio con doble de locura para llevar.
ResponderEliminarPóngame una de desequilibrio con doble de locura para llevar.
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