Es genial poder soñar, aunque sean 5 minutos.
El problema de liberar un lastre y lanzarte debajo del edredón pensando que no
hay nada más ahí fuera salvo lo que tú quieras pensar, es que, no te quieres
levantar. Es cómodo, sencillo y un placer poder pensar las cosas sin miedo.
Poder imaginar, sin presión, ni reglas. Porque sí, ¿por qué no? Lo que ocurre, es
que luego te levantas, y sientes un golpe continuo, acallar la conciencia
emocional que grita más alto que la razón. Una discusión mental que no da tregua. No
me gustan las discusiones. Es entonces cuando pones tierra de por medio, te bebes la emoción
y te tomas ración de ibuprofeno para la resaca de sentimientos... A
nadie le gusta escuchar las cosas tal cual son. Doble de ibuprofeno.
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